Concordia do Livre Arbítrio - Parte I 10

Parte I - Sobre as capacidades do livre-arbítrio para praticar o bem

Disputa X: ¿Confiere siempre Dios auxilios suficientes para alcanzar la fe y la justificación a aquel que hace todo lo que está en él o, por el contrario, a causa de sus graves pecados, a veces se los deniega a alguien?

1. A lo que hemos dicho en las dos disputas anteriores, debemos añadir lo siguiente: Cuando quiera que el libre arbitrio, en virtud de sus fuerzas naturales, intente o esté presto a intentar todo aquello que está en mismo ─tanto en relación a lo que hay que aprender y abrazar en materia de fe, como en relación al dolor de los pecados para alcanzar la justificación─, Dios conferirá la gracia previniente o los auxilios con objeto de que el hombre obre como es necesario para alcanzar su salvación, pero no porque con este intento se haya hecho digno de estos auxilios y, por alguna razón, los haya merecido, sino porque Cristo obtuvo para nosotros dichos auxilios gracias a sus méritos. Entre las leyes que tanto Cristo, como el Padre eterno, establecieron sobre los auxilios y los dones cuya concesión puramente gratuita Cristo nos hizo merecer, una de ellas ─que además es conforme a lo que acabamos de decir─ es la siguiente: Cuando quiera que, en virtud de nuestras fuerzas naturales, intentemos hacer lo que está en nosotros, los auxilios de la gracia estarán a nuestra disposición para que con ellos obremos de la manera necesaria para alcanzar la salvación, de tal modo que, por la razón que acabamos de mencionar, mientras peregrinamos hacia la beatitud, nuestra salvación siempre estará al alcance de la mano de nuestro libre arbitrio y de nosotros mismos dependerá que no nos convirtamos a Dios. Por ello, así como Dios siempre se encuentra, con su concurso general, a disposición del libre arbitrio, para que éste, según le plazca, pueda querer o no su salvación de manera natural, así también, con el auxilio de la gracia suficiente, se encuentra a su disposición, de tal modo que, cuantas veces quiera emprender, en virtud de sus fuerzas naturales, alguna obra de las que conducen a la justificación, la ejecute del modo requerido para alcanzar la salvación. A menudo también incita y empuja al libre arbitrio, como si estuviera amodorrado y entumecido, y lo ayuda con unos auxilios mucho mayores, aunque, por otra parte, se puede apreciar una gran diferencia. En efecto, con su concurso general, Dios se encuentra a disposición del libre arbitrio para cualquier obra natural, como si, por una ley natural ordinaria, hubiera decidido no denegar este concurso a ningún agente. No obstante, con el auxilio de la gracia ─por lo menos, de la gracia suficiente─, Dios se encuentra a disposición del libre arbitrio en razón de los méritos de Cristo, que, como verdadero redentor, obtuvo para nosotros la gracia, nos hizo merecedores de ella y, junto con el Padre, estableció esta ley para ayudar a los hombres.