Romanos 7

Conflicto con el pecado

¿Es que acaso estoy dando a entender que la ley de Dios es pecado? ¡Claro que no! La ley no es pecado, pero fue la ley la que me enseñó que en había pecado. Jamás me habría dado cuenta de lo que es codiciar si la ley no me hubiera dicho: «No codiciarás».
Pero el pecado usó aquella ley que condena la codicia para despertar en toda clase de malos deseos. Si no hubiera ninguna ley que transgredir, nadie pecaría.
Por eso, antes de entender lo que la ley demanda, me sentía bien. Pero cuando llegó el mandamiento, cobró vida el pecado y morí.
Es decir, el mandamiento que debía haberme dado vida, me condenó a muerte.
Porque el pecado me engañó, pues tomó el mandamiento de Dios y lo usó para matarme.
Así que, como ven, la ley en es santa, justa y buena.
¿Y acaso lo que era bueno causó mi muerte? ¡De ninguna manera! No; el pecado usó lo que era bueno para causarme la muerte. Así que, utilizando el mandamiento bueno, el pecado se mostró con toda su maldad.