El cuarto cántico del Siervo
Isaías 52:13 a 53:12 es el último de los llamados "cánticos del Siervo", un poema sobre una figura desfigurada, rechazada y muerta, cuyo sufrimiento trae sanidad a otros. Para los cristianos, es la profecía más detallada del Antiguo Testamento sobre la pasión de Cristo: el Siervo es "herido por nuestras rebeliones", llevado "como un cordero al matadero", y "por su llaga fuimos nosotros curados".
3 Era desprezado, e o mais rejeitado entre os homens, homem de dores, e experimentado nos trabalhos; e, como um de quem os homens escondiam o rosto, era desprezado, e não fizemos dele caso algum.
4 Verdadeiramente ele tomou sobre si as nossas enfermidades, e as nossas dores levou sobre si; e nós o reputávamos por aflito, ferido de Deus, e oprimido.
5 Mas ele foi ferido por causa das nossas transgressões, e moído por causa das nossas iniqüidades; o castigo que nos traz a paz estava sobre ele, e pelas suas pisaduras fomos sarados.
6 Todos nós andávamos desgarrados como ovelhas; cada um se desviava pelo seu caminho; mas o Senhor fez cair sobre ele a iniqüidade de nós todos.
7 Ele foi oprimido e afligido, mas não abriu a sua boca; como um cordeiro foi levado ao matadouro, e como a ovelha muda perante os seus tosquiadores, assim ele não abriu a sua boca.
¿Quién es el Siervo?
El gran debate interpretativo es la identidad del Siervo. La lectura judía tradicional, sostenida por Rashi y otros comentaristas, identifica al Siervo con Israel colectivo, la nación que sufre en el exilio entre las naciones y cuyo sufrimiento tiene sentido delante de Dios. El propio libro de Isaías llama a Israel "mi siervo" en varios puntos anteriores, lo cual le da base textual a esa lectura.
La lectura cristiana ve a un individuo mesiánico, distinto de la nación: el Siervo sufre "por la rebelión de mi pueblo", lo que lo coloca en contraste con el pueblo, y no como el pueblo mismo. El Nuevo Testamento adopta esta interpretación de forma explícita en el episodio del eunuco etíope, quien lee justamente ese pasaje y pregunta de quién habla el profeta.
32 E o lugar da Escritura que lia era este: Foi levado como a ovelha para o matadouro; e, como está mudo o cordeiro diante do que o tosquia, Assim não abriu a sua boca.
33 Na sua humilhação foi tirado o seu julgamento; E quem contará a sua geração? Porque a sua vida é tirada da terra.
34 E, respondendo o eunuco a Filipe, disse: Rogo-te, de quem diz isto o profeta? De si mesmo, ou de algum outro?
35 Então Filipe, abrindo a sua boca, e começando nesta Escritura, lhe anunciou a Jesus.
| Cuestión | Lectura judía | Lectura cristiana |
|---|---|---|
| Identidad del Siervo | Israel colectivo en el exilio | Mesías individual |
| Sufrimiento | De la nación entre los pueblos | Vicario, por los pecados de otros |
| Contexto | Consuelo a los exiliados en Babilonia | Anticipación de la pasión de Cristo |
| Datación del texto | Isaías exílico (s. 6 a.C.) | Texto anterior a su cumplimiento |
Un punto de contexto pesa en el debate: la crítica histórica sitúa los capítulos finales de Isaías (el llamado Deutero-Isaías, desde el cap. 40) en el período del exilio babilónico, siglo 6 a.C., describiendo el sufrimiento de Israel ya en curso. Para quienes aceptan esa datación, el cántico habla de un sufrimiento contemporáneo al autor, no de un evento lejano y futuro. Para quienes mantienen la unidad y la antigüedad de Isaías, el texto precede en siglos a la figura que describe.