Aristóteles y la Transubstanciación: Sustancia, Accidente y Eucaristía

A dónde fue a parar la sustancia

¿Recuerdas la página sobre la sustancia? La cosa en sí, por debajo de todo lo que tiene; y los accidentes, las propiedades que puede ganar o perder sin dejar de ser ella. Pues esa distinción, nacida para explicar manzanas y estatuas, fue a parar al centro de la mayor controversia sobre la misa.

La teología católica afirma que, en la consagración, el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo. Pero la apariencia sigue siendo la misma: sigue pareciendo pan, sabe a pan, es pan para cualquier examen. ¿Cómo decir eso sin absurdo? La respuesta usó exactamente el par de Aristóteles. La sustancia (la cosa en sí) cambia, pasa a ser Cristo; los accidentes (el color, el sabor, la forma) permanecen los del pan. Por eso el nombre: trans-sustanciación, cambio de la sustancia. Los accidentes quedan, la sustancia se transforma.

En el pan consagradoAntesDespués (según la doctrina)
Sustancia (la cosa en sí)PanCuerpo de Cristo
Accidentes (color, sabor, forma)Los del panLos del pan, sin cambio

El Concilio de Trento, en el siglo XVI, oficializó ese lenguaje como la forma propia de explicar el misterio. Repara en lo que ocurrió: un concepto de un pagano griego, pensado para hablar de bronce y manzanas, se convirtió en pieza oficial de la doctrina cristiana sobre el sacramento más central. Pocos ejemplos muestran tan bien cuánto le debe la Iglesia a la Metafísica.

Vale la honestidad: no todos los cristianos aceptan esa explicación. Los reformadores del siglo XVI la rechazaron, algunos por considerar que encorsetaba el misterio dentro de una categoría filosófica pagana. Esa disputa pertenece a la última página, sobre los límites de leer a Aristóteles con ojos de fe.