El Motor Inmóvil de Aristóteles: el Argumento que Lleva a Dios

La escalera que no puede ser infinita

Mira a tu alrededor: todo lo que se mueve fue puesto en movimiento por otra cosa. La pelota rodó porque el pie la pateó. El pie se movió porque el músculo tiró. El músculo, porque un nervio disparó. Aristóteles pregunta: ¿puede esta cadena de cosas que empujan cosas retroceder eternamente, sin un comienzo? Responde que no. Una cadena de motores sin un primer motor no explica ningún movimiento, del mismo modo que una cadena de vagones sin locomotora no avanza. Tiene que haber un primero, que mueva a los demás sin necesitar ser movido por nadie.

A ese primero lo llama Motor Inmóvil. Y aquí se paga todo lo que las páginas anteriores sembraron. ¿Recuerdas potencia y acto? El Motor Inmóvil es acto puro: en él no queda ninguna potencia, nada que "todavía pueda llegar a ser", porque ya es todo lo que puede ser, eternamente. Por eso no cambia ni se mueve. Cambiar sería convertirse en lo que aún no se es, y en él no hay ese "todavía".

2 Existe, por consequência, também algo que o move. E como aquilo que move e ao mesmo tempo é movido ocupa uma posição intermediária, existe algo que move sem ser movido, que é eterno, que é substância e que é pura realização (ato).

Cómo mover sin tocar

Surge un problema hermoso: si el Motor Inmóvil no se mueve, ¿cómo mueve a los demás? Aristóteles responde con una imagen genial. Mueve como una persona amada mueve a quien la ama, o como un objetivo mueve a quien lo desea. El ideal no necesita correr detrás de nadie: atrae. El mundo entero se mueve porque es atraído por esa perfección, como todo tiende hacia lo que ama.

5 Que pode existir uma causa final entre as coisas que não mudam, isso se mostra ao distinguir os sentidos dessa expressão. Pois a causa final é tanto (a) algum ser para cujo bem uma ação é feita, quanto (b) algo que a ação tem por alvo. Desses dois, o segundo pode existir entre as coisas imutáveis, mas o primeiro não. A causa final, então, produz movimento por ser amada, ao passo que todas as outras coisas movem por serem movidas.

Un pensamiento que se piensa a sí mismo

¿Qué hace un ser perfecto, eterno e inmóvil? No puede tocar nada, no necesita nada. La única actividad digna de él, concluye Aristóteles, es pensar. Y como el objeto más perfecto de pensamiento es él mismo, es un pensamiento que se piensa a sí mismo, eternamente. Aristóteles da a ese ser un nombre que resonará a lo largo de toda la historia: Dios.

10 E o pensamento pensa a si mesmo porque participa da natureza daquilo que é pensado; pois ele se torna objeto de pensamento ao tocar e pensar seus objetos, de modo que o pensamento e o objeto pensado são a mesma coisa. Pois aquilo que é capaz de receber o objeto do pensamento, isto é, a essência, é o próprio pensamento. Mas ele está em atividade quando possui esse objeto. Por isso, a posse, mais do que a capacidade de receber, é o elemento divino que o pensamento parece conter, e o ato de contemplar é o que de mais agradável e melhor.

11 Se, então, Deus está sempre naquele estado bom em que nós às vezes estamos, isso desperta nossa admiração; e se ele está num estado ainda melhor, desperta-a ainda mais. E Deus está num estado melhor. A vida também pertence a Deus, pois a realização do pensamento é vida, e Deus é essa realização; e a realização de Deus, que depende apenas de si mesma, é a vida mais perfeita e eterna. Dizemos, portanto, que Deus é um ser vivo, eterno e perfeitíssimo, de modo que vida e duração contínua e eterna pertencem a Deus; pois isto é Deus.

Aquí termina la subida. Un pagano del siglo IV antes de Cristo, caminando por un jardín, razonó hasta llegar a una causa primera que es eterna, inmaterial, perfecta, y la llamó Dios. No es de extrañar que, mil quinientos años después, los teólogos cristianos hayan mirado esa página y visto oro. Es lo que las próximas tres páginas cuentan: lo que la fe cristiana ganó con eso, y dónde ese Dios de Aristóteles todavía no es el Dios de la Biblia.