Aristóteles y el Cristianismo: cómo un Pagano se Convirtió en "el Filósofo"

"¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén?"

La primera reacción cristiana ante la filosofía griega fue de desconfianza. A comienzos del siglo III, el escritor Tertuliano lanzó la pregunta que se convirtió en lema de quienes querían mantener la fe y la filosofía bien separadas: "¿qué tiene que ver Atenas con Jerusalén?". Atenas era la razón pagana, Jerusalén era la revelación. Para muchos, mezclarlas era contaminar la segunda.

Durante mucho tiempo, fue Platón, y no Aristóteles, quien influyó en los cristianos, a través de Agustín. Aristóteles estuvo casi perdido en Occidente durante siglos. Sus obras regresaron a Europa por la puerta de los árabes: filósofos musulmanes como Avicena y Averroes lo habían conservado, comentado y desarrollado. En el siglo XII, esos textos llegaron a las nuevas universidades cristianas, y fueron un terremoto.

De prohibido a obligatorio

El choque fue tan grande que la Iglesia reaccionó prohibiendo. En 1210, y de nuevo en 1277, autoridades de París condenaron la enseñanza de tesis de Aristóteles, porque algunas chocaban de frente con la fe (verás cuáles en la última página). Por un tiempo, leer ciertas partes de Aristóteles en la universidad era arriesgado.

Lo que cambió el rumbo fue el trabajo de dos hombres: Alberto Magno y, sobre todo, su alumno Tomás de Aquino, en el siglo XIII. En lugar de rechazar a Aristóteles o tragárselo entero, Tomás hizo algo más difícil: separó lo que servía de lo que no servía. Tomó las herramientas (las causas, la sustancia, acto y potencia, el Motor Inmóvil) y las puso al servicio de la teología cristiana, dejando de lado lo que contradecía la fe. Funcionó tan bien que, en los escritos de Tomás, Aristóteles pasa a ser citado simplemente como "el Filósofo", con artículo definido y mayúscula, como si hubiera uno solo.

Este es el trasfondo de todo este sitio: Aristóteles está detrás de la escolástica como los cimientos están detrás de la casa. Entender la Metafísica es entender de dónde sacó Tomás de Aquino la mitad de su vocabulario. Las dos próximas páginas muestran ese uso en dos frentes concretos: probar a Dios y explicar la misa.