No todo lo que "es" lo es de la misma manera
Decimos que muchas cosas "son". La manzana es. Pero también decimos que "es" roja, que "está" sobre la mesa, que "es" dulce. Aristóteles notó que esos "es" no valen todos lo mismo. La rojez no existe sola, suelta en el aire: necesita una manzana (o alguna otra cosa) para colorear. La manzana, en cambio, existe por sí misma. Quita el rojo y sigue habiendo una manzana. Quita la manzana y no queda ningún rojo.
A aquello que existe por sí mismo, y que sostiene todo lo demás, lo llama sustancia. La manzana es sustancia. El rojo, lo dulce, el estar-sobre-la-mesa son propiedades suyas, y a esas propiedades les da el nombre de accidentes: cosas que la manzana puede tener o perder sin dejar de ser manzana. Aristóteles dice, con todas las letras, que la vieja pregunta "¿qué es el ser?" es, en realidad, la pregunta "¿qué es la sustancia?".
1 A palavra 'ser' tem vários sentidos, como já mostramos no livro em que tratamos dos vários significados das palavras. Num sentido, dizer que algo 'é' aponta para o que essa coisa é, ou seja, para um 'isto' determinado. Noutro sentido, aponta para uma qualidade, uma quantidade, ou para alguma das outras categorias que se afirmam das coisas. Embora 'ser' tenha todos esses sentidos, fica claro que o que primeiro 'é' é o 'que', ou seja, aquilo que indica a substância da coisa.
La esencia: lo que la cosa no puede perder
Hay todavía una capa más profunda. De todo lo que una manzana tiene, algunas cosas puede perderlas (el color, el lugar, la dulzura) y otras no, porque sin ellas dejaría de ser manzana. Ese núcleo que la cosa no puede perder sin dejar de ser ella misma es lo que Aristóteles llama esencia. La esencia responde a la pregunta "¿qué es ser esto?". Es la forma, vista desde adentro, como definición.
Aviso honesto: aquí es donde el libro más aprieta. Los Libros VII y VIII, sobre la sustancia, son reconocidos como los más difíciles de toda la obra, y hasta hoy los especialistas discuten sobre qué quiso decir exactamente Aristóteles. Si captaste la idea general (la cosa en sí, por debajo de sus propiedades), ya tienes lo suficiente para subir el siguiente peldaño.
Una disputa de familia con Platón
Vale una nota. El maestro de Aristóteles, Platón, pensaba que lo más real eran las Formas perfectas que existirían en un mundo aparte: la Manzana ideal, lejos de toda manzana concreta. Aristóteles discrepa con firmeza. Para él, lo real es esta manzana aquí, en tu mano. En los últimos libros de la Metafísica, le dedica páginas a desmontar las Formas separadas de Platón, diciendo que no explican nada útil sobre las cosas que vemos.
1 Acima de tudo, alguém poderia perguntar: o que, afinal, as Formas acrescentam às coisas perceptíveis pelos sentidos, sejam as eternas, sejam as que vêm a existir e depois deixam de existir? Pois elas não causam nelas nem movimento nem mudança de espécie alguma.