Venid a mí todos: la comunión en el Libro IV

La invitación final

El cuarto y último libro de la Imitación cambia de tema por última vez. Después de enseñar la vida interior y el diálogo con Cristo, la obra conduce al lector a un encuentro aún más concreto: la comunión, la recepción del cuerpo de Cristo en la Eucaristía. Para Tomás de Kempis, es el punto donde desemboca toda la escalada del libro. Todo lo que vino antes, la humildad, el desprendimiento, la escucha, prepara el alma para ese encuentro.

Ese último libro retoma la invitación del propio Jesús en los Evangelios: venid a mí todos los que estáis cansados y cargados. La obra presenta la comunión como el lugar donde esa invitación se cumple, el reposo prometido a quien llega fatigado. El lector, que comenzó oyendo que quien sigue a Cristo no anda en tinieblas, termina siendo invitado a acercarse y descansar.

2 Mandais que com confiança me aproxime de Vós, se quiser ter parte convosco, e que receba o alimento da imortalidade, se desejar alcançar a vida e a glória eternas. Vinde a mim, dizeis, todos os que estais cansados e oprimidos, e eu vos aliviarei. Ó palavra doce e amiga ao ouvido do pecador, com que Vós, Senhor meu Deus, convidais o necessitado e o pobre à comunhão do vosso santíssimo Corpo. Mas quem sou eu, Senhor, para que ouse aproximar-me de Vós? Eis que os céus dos céus não Vos podem conter, e Vós dizeis: Vinde a mim todos?

Por qué el libro nunca envejeció

La Imitación de Cristo atravesó seis siglos porque toca una cuerda que no cambia: el deseo humano de paz, de sentido y de Dios. No promete debate ganado ni erudición, promete un alma más quieta y un corazón más parecido al de Cristo. Por eso santos y pecadores, católicos y protestantes, sabios y sencillos la leyeron y releyeron. El pequeño libro del monje silencioso de Zwolle sigue diciéndole a cada nueva generación lo mismo: imita a Cristo, y tendrás la luz de la vida.