¿Puede un Cristiano Creer en la Evolución?

Una rama botánica con variaciones

Esta es la pregunta personal: ¿puedo yo, cristiano, aceptar la evolución sin traicionar mi fe? La historia muestra que cristianos serios respondieron que sí, tratando la evolución no como rival de Dios, sino como el modo por el cual Él crea. Esa posición tiene nombre: evolución teísta.

Cristianos que aceptaron la evolución

Ya en 1860, el botánico de Harvard Asa Gray, cristiano ortodoxo y principal divulgador de Darwin en los Estados Unidos, defendía que la selección natural era compatible con la fe, aunque él quisiera ver en la variación un propósito divino que Darwin se negaba a afirmar. A finales del siglo 19, el teólogo conservador B. B. Warfield, uno de los padres de la doctrina de la inerrancia bíblica, consideraba la evolución compatible con la Escritura. Hoy la misma línea es defendida por el genetista Francis Collins, que dirigió el Proyecto Genoma Humano, a través de la fundación BioLogos.

La posición católica

La Iglesia Católica llegó a una posición formal. La encíclica Humani Generis, de Pío XII, en 1950, permitió el estudio del origen del cuerpo humano a partir de materia viva preexistente, siempre que se sostenga que el alma es creada directamente por Dios. En 1996, Juan Pablo II afirmó ante la Pontificia Academia de las Ciencias que la evolución es "más que una hipótesis", manteniendo la misma salvedad sobre el alma.

El punto de esta página no es decir que el cristiano debe aceptar la evolución, sino que puede, con buena compañía teológica. Quien rechaza la evolución también está en compañía respetable. Lo que no se sostiene es la idea de que aceptar la evolución, por sí sola, deja a alguien fuera de la fe cristiana.