Por qué el libro cambia de asunto
Terminada la historia, Agustín hace una pregunta sorprendente en el Libro X: ¿cómo busco a Dios? Para buscar algo, es preciso de algún modo ya conocerlo, recordarlo. Eso lo lleva a investigar la memoria, y se asombra con lo que encuentra: la memoria es un palacio inmenso, lleno de imágenes, ideas, sentimientos e incluso del olvido. ¿Dónde, en ese palacio, encuentro a Dios? La conclusión es que Dios no es un objeto guardado en la memoria, sino aquel que está por encima de ella, y que siempre estuvo presente sin ser advertido.
La frase que corona el libro
De esa reflexión brota uno de los pasajes más amados de la literatura cristiana. Agustín lamenta el tiempo que perdió buscando a Dios afuera, en el mundo, mientras Dios estaba dentro todo el tiempo. Tarde te amé, dice, hermosura tan antigua y tan nueva, demasiado tarde te amé. La frase resume toda la obra: la vida entera fue una búsqueda al revés, buscando afuera lo que ya vivía adentro.
38 Tarde vos amei, formosura tão antiga e tão nova, tarde vos amei! E eis que estáveis dentro de mim, e eu estava fora, e fora vos buscava, e sobre essas coisas formosas que fizestes, deformado, eu me lançava. Estáveis comigo, e eu não estava convosco. Retinham-me longe de vós essas coisas que, se em vós não existissem, nem sequer existiriam. Chamastes e clamastes, e rompestes a minha surdez; brilhastes e resplandecestes, e afugentastes a minha cegueira; exalastes vosso perfume, e respirei e por vós suspiro; provei de vós, e tenho fome e sede; tocastes-me, e abrasei-me na vossa paz.
Es aquí donde la estructura del libro se revela. La historia de los nueve primeros libros y la meditación de los últimos son la misma cosa dicha de dos maneras: el corazón inquieto que al fin descansa. La página siguiente entra en la pregunta más famosa que Agustín dejó, sobre el tiempo.