Eclesiastés 11
Alégrate, mancebo, en tu mocedad, y tome placer tu corazón en los días de tu juventud; y anda en los caminos de tu corazón, y en la vista de tus ojos: mas sabe, que sobre todas estas cosas te traerá Dios á juicio.
"Andá por los caminos de tu corazón" es el ápice del consejo de gozo de Qohelet, y tiene paralelo directo en el Antiguo Oriente. En la versión paleobabilónica de la Epopeya de Gilgamesh (tablilla de Sippar), la tabernera Siduri aconseja al héroe, ante la muerte inevitable: llena tu vientre, alégrate día y noche, viste ropas limpias, abraza a la esposa y al hijo, "pues esa es la porción del hombre". La misma secuencia (comer, beber, gozar el trabajo como don) reaparece en Ec 8:15 y 9:7-10. La oración final, "sabe, sin embargo, que por todas estas cosas te traerá Dios a juicio", suena en tensión con ese hedonismo; muchos críticos la leen como adición o corrección "ortodoxizante", en la misma línea del epílogo (12:13-14), mientras que otros la toman como parte integrante del pensamiento ambivalente del propio autor.Sobre la moldura editorial: el epílogo del libro (12:9-14) habla de Qohelet en tercera persona ("y cuanto más sabio era el predicador..."), en una voz distinta a la del narrador escéptico, y concluye con "teme a Dios y guarda sus mandamientos". Buena parte de la crítica ve ahí a uno o más redactores que enmarcan y suavizan el escepticismo de Qohelet, posiblemente para viabilizar la aceptación del libro. La canonicidad de Eclesiastés fue de hecho debatida entre los rabinos (registro del desacuerdo entre las escuelas de Hilel y Shamai en la Mishná, tratado Yadayim 3:5); la tradición sugiere que el final piadoso y la autoría atribuida a Salomón ayudaron a preservarlo.