2 Tesalonicenses 3
Salud de mi mano, Pablo, que es mi signo en toda carta mía: así escribo.
El autor afirma firmar 'de mi propia mano' como 'señal en todas las epístolas', esto es, marca de autenticidad. El verso es central en la disputa sobre la autoría. Defensores de la autenticidad ven aquí la práctica real de Pablo, que dictaba a escribas y añadía de puño y letra un saludo final (cf. Gá 6:11; 1Co 16:21). Buena parte de la crítica moderna (entre otros Ehrman, Brown, Schnelle), sin embargo, lee el gesto como demasiado reforzado: combinado con el aviso de 2:2 contra 'carta como si fuera nuestra', el énfasis en la firma sería justamente lo que un pseudoepígrafo necesitaría hacer para hacerse pasar por auténtico. No hay consenso: ambas lecturas siguen defendidas.