Capítulos

A Cidade de Deus - Livro XXII

La Ciudad de Dios, de Agustín

La Ciudad de Dios (en latín De civitate Dei) es obra de Agustín de Hipona (354-430), escrita entre aproximadamente 413 y 426 y dividida en veintidós libros. Fue motivada por el saqueo de Roma en 410 por los godos de Alarico, que muchos paganos atribuyeron al abandono de los antiguos dioses después de que el Imperio se hizo cristiano. Contra esa acusación, Agustín contrapone dos ciudades definidas por dos amores: la ciudad terrena, fundada en el amor a sí mismo hasta el desprecio de Dios, y la ciudad de Dios, fundada en el amor a Dios hasta el desprecio de sí. Los libros I a X refutan el paganismo; los libros XI a XXII tratan del origen, el curso y el fin de las dos ciudades.

El Libro XXII en la obra

El Libro XXII cierra la obra y describe el destino final de la ciudad de Dios: la felicidad eterna de los santos y la resurrección de la carne. Como último de los libros que tratan del fin de las dos ciudades, cierra el arco que venía desde el Libro XX, sobre el juicio final, y el Libro XXI, sobre el castigo eterno de los condenados. Agustín retoma la creación de los ángeles y de los hombres, y la caída, como punto de partida (

  • cap. 1(A Cidade de Deus - Livro XXII 1)
  • ), para concluir mostrando cómo la gracia reúne, de esa raza caída, el número de ciudadanos que repara la falta dejada por los ángeles rebeldes.

    El argumento central es la defensa de la resurrección del cuerpo, doctrina que los filósofos paganos consideraban absurda. Agustín parte de un hecho que admite ser de por sí improbable: que el mundo creyó en la resurrección y ascensión de Cristo en la carne. En su lectura, ese hecho es doblemente increíble, pues fue anunciado por pescadores sin instrucción y aceptado incluso por los doctos, sin coacción. De ahí extrae un argumento de probabilidad: si el mundo ya creyó en lo que parecía imposible, no hay razón para descreer de la resurrección futura prometida en las mismas Escrituras

  • cap. 5(A Cidade de Deus - Livro XXII 5:5)
  • .

    Contra los platónicos, que argumentaban, a partir del peso de los elementos, que un cuerpo terreno no puede habitar el cielo, Agustín responde con el ejemplo de las aves y con la omnipotencia del Creador

  • cap. 11(A Cidade de Deus - Livro XXII 11:3)
  • . A continuación responde a preguntas concretas sobre los cuerpos resucitados: la condición de abortos y niños, el tamaño de los cuerpos, la permanencia del sexo en las mujeres, la remoción de los defectos físicos y la reunión de la materia dispersa (caps. 13 a 21). En los capítulos finales discute a Platón y Porfirio sobre el alma y el cuerpo, y cierra con la visión beatífica y el sábado eterno.

    El capítulo de los milagros

    El capítulo 8 es el pasaje más extenso y singular del libro. Respondiendo a la objeción de que los milagros antiguos ya no se repiten, Agustín sostiene que continúan, pero circulan poco y por eso pasan inadvertidos. Para probarlo, reúne una serie de relatos contemporáneos que afirma haber presenciado o recogido de fuentes directas: curaciones en Milán y Cartago, posesiones expulsadas, y sobre todo prodigios ligados a las reliquias del mártir Esteban, recién traídas a Hipona, incluida la resurrección de muertos

  • cap. 8(A Cidade de Deus - Livro XXII 8:51)
  • . La función de esos relatos es apologética: para Agustín, los milagros obrados en nombre de Cristo y por los mártires confirman la misma fe en la resurrección y ascensión en la carne. Es también una de las primeras defensas explícitas del culto a las reliquias y de la intercesión de los santos en la literatura cristiana, punto que separa la recepción católica y ortodoxa de la lectura protestante posterior.

    El fin de la obra

    El capítulo 30 cierra los veintidós libros con la descripción del estado final de los bienaventurados: el libre albedrío que ya no puede pecar, la memoria intelectual de los males pasados sin el dolor de ellos, y el reposo eterno presentado como el séptimo día, el gran sábado sin tarde. Agustín cuenta las edades del mundo como días y sitúa la era presente en la sexta, a la espera de la séptima.

    “Allí descansaremos y veremos, veremos y amaremos, amaremos y alabaremos. Esto es lo que habrá en el fin sin fin.”

    Agustín, La Ciudad de Dios XXII.30, A Cidade de Deus - Livro XXII 30:20

    Contenido del Libro

    Texto y Traducción

    Nota: aquí en portugués junto al inglés de la traducción clásica de Marcus Dods (1871, dominio público); la cita se hace por libro, capítulo y sección.