Capítulos

A Cidade de Deus - Livro XXI

La Ciudad de Dios, de Agustín

La Ciudad de Dios (De Civitate Dei) es obra de Agustín de Hipona (354-430), escrita entre 413 y 426 en veintidós libros, motivada por el saqueo de Roma por Alarico en 410 y la acusación pagana de que el abandono de los antiguos dioses habría causado la caída. La obra contrasta la ciudad terrena, fundada en el amor a sí mismo hasta el desprecio de Dios, con la ciudad de Dios, fundada en el amor a Dios hasta el desprecio de sí. Los libros I a X refutan el paganismo; los libros XI a XXII tratan del origen, el curso y el fin de las dos ciudades. Los libros XX a XXII fueron concluidos hacia 426, cuatro años antes de la muerte de Agustín, y representan su pensamiento maduro sobre las cosas últimas.

El Libro XXI en la obra

El Libro XXI trata del destino final de la ciudad terrena: el castigo eterno de los condenados junto al diablo. Pertenece a la sección conclusiva de la obra, que describe el fin de las dos ciudades, después del Libro XX (juicio final y resurrección) y antes del Libro XXII, dedicado a la felicidad eterna de los santos. Agustín declara desde el principio que el orden es deliberado: examina primero la pena de los condenados porque es el punto más difícil de creer, y demostrarlo allana el camino hacia lo más fácil: la bienaventuranza corporal de los salvados.

“Parece más increíble que los cuerpos perduren en tormentos sempiternos que que continúen existiendo sin dolor alguno en felicidad sempiterna.”

Agustín, La Ciudad de Dios XXI.1, A Cidade de Deus - Livro XXI 1:2

El argumento del libro

La primera mitad del libro responde a una objeción filosófica concreta: un cuerpo material no podría arder para siempre sin ser consumido, luego el castigo en el fuego tendría que acabar con la destrucción del condenado. Agustín rebate con analogías del mundo natural que, en su época, se tenían por hechos: la salamandra que vive en el fuego, los volcanes de Sicilia que arden sin gastarse, la cal que se calienta al recibir agua, el imán que mueve el hierro a través de la plata (

  • ejemplos reunidos en el capítulo 4(A Cidade de Deus - Livro XXI 4)
  • ). Varias de esas "maravillas" no resisten el conocimiento moderno; el punto retórico es, sin embargo, epistemológico: si la naturaleza ya exhibe propiedades que la razón no explica, no puede declararse imposible, en nombre de la razón, que Dios conserve cuerpos en el fuego. La omnipotencia del Creador es la garantía última.

    La segunda mitad cambia de blanco. Agustín pasa a refutar, una a una, opiniones cristianas de su propia época que prometían, por vías distintas, escapar del infierno o abreviar su duración. Entre ellas están quienes niegan la pena eterna a cualquier hombre por compasión, quienes confían en la intercesión de los santos en el juicio, quienes apuestan por la participación en los sacramentos, y quienes creen que el bautismo católico o las obras de misericordia anulan los pecados. Responde con exégesis de los pasajes que esos grupos invocan, en especial "será salvo, pero como a través del fuego" (1 Corintios 3), que Agustín lee como tribulación probatoria, no como purgatorio que libra a los condenados.

    Infierno, purgatorio y la tradición posterior

    Este libro es una de las fuentes patrísticas más citadas en el debate sobre la duración de la pena. Agustín rechaza explícitamente la tesis de Orígenes de la

  • restauración final de todos, incluso del diablo(A Cidade de Deus - Livro XXI 17)
  • , posición (apocatástasis) que vendría a ser condenada como herética. Al mismo tiempo, admite, en tono vacilante, que males veniales puedan ser purgados por un fuego después de la muerte, sin afirmar ni negar con firmeza. Tradiciones posteriores leyeron esa apertura como germen de la doctrina del purgatorio, aunque la formulación medieval es bastante más desarrollada que lo que Agustín efectivamente escribió aquí. Donde sí es categórico es en la distinción entre ese fuego probatorio y el fuego eterno: de este, dice, ninguno de los condenados saldrá.

    Contenido del Libro

    Texto y Traducción

    El texto aparece aquí en portugués junto al inglés de la traducción clásica de Marcus Dods (1871, dominio público). La cita se hace por libro, capítulo y sección, conforme a la división tradicional de la obra.