Capítulos

A Cidade de Deus - Livro XV

La Ciudad de Dios, de Agustín

La Ciudad de Dios (De Civitate Dei) es obra de Agustín de Hipona (354-430), escrita entre aproximadamente 413 y 426 y dividida en 22 libros. Fue motivada por el saqueo de Roma por Alarico en 410, cuando los paganos atribuyeron la caída de la ciudad al abandono de los dioses antiguos. Agustín contrasta la ciudad terrena, fundada en el amor de sí hasta el desprecio de Dios, con la Ciudad de Dios, fundada en el amor a Dios hasta el desprecio de sí. Los libros I a X refutan el paganismo; los libros XI a XXII tratan del origen, el curso y el fin de las dos ciudades.

El Libro XV en la obra

En los cuatro libros anteriores (XI a XIV) Agustín trató del origen de las dos ciudades. El Libro XV abre la sección siguiente, sobre su curso histórico, y cubre el período del Génesis que va de Caín y Abel hasta el diluvio. Caín, primogénito que edifica una ciudad, y Abel, peregrino que no edifica ninguna, son leídos como los primeros representantes de la ciudad terrena y de la Ciudad de Dios. Agustín recorre las genealogías de Caín y de Set, discute la longevidad de los antediluvianos, enfrenta las divergencias de cronología entre el texto hebreo y la Septuaginta, identifica a los "hijos de Dios" con el linaje de Set, e interpreta el arca de Noé como figura de Cristo y de la Iglesia.

Contenido del Libro

Las dos ciudades y los dos fratricidios

El argumento central enlaza el Génesis con la historia romana. Caín mata a Abel; siglos después, Rómulo mata a Remo en la fundación de Roma. Agustín toma el primer caso como el arquetipo del crimen, pero distingue ambos: Rómulo y Remo eran ciudadanos de la ciudad terrena, disputando entre sí la gloria de fundar la república, mientras que Abel no disputaba ningún dominio con Caín. El conflicto de Caín y Abel ilustra el odio entre las dos ciudades; el de Rómulo y Remo, la división de la ciudad terrena contra sí misma.

“La disputa entre Rómulo y Remo muestra cuán dividida está la ciudad terrena contra sí misma; lo que ocurrió entre Caín y Abel ilustró el odio que subsiste entre las dos ciudades, la de Dios y la de los hombres.”

Agustín de Hipona, A Cidade de Deus - Livro XV 5:5

Cronología: hebreo contra Septuaginta

Gran parte del libro enfrenta un problema textual real. Las edades de los patriarcas en Génesis 5 difieren entre el texto hebreo y la Septuaginta, que sistemáticamente añade cien años al período anterior al nacimiento de cada hijo y los resta del período posterior. Por el cómputo de la Septuaginta, Matusalén llegaría a vivir más allá del diluvio, lo que Agustín reconoce como una dificultad. Su solución es prudente: rechaza tanto la tesis de que los judíos habrían corrompido el hebreo por envidia como la de que los setenta traductores habrían errado a propósito, y atribuye la divergencia a un error de copista difundido a partir del ejemplar de la biblioteca de Tolomeo. Donde los números no pueden ser ambos verdaderos, concluye que debe creerse en la lengua de origen, el hebreo. El cálculo exacto permanece debatido en la crítica textual moderna, que ve variantes deliberadas en ambas tradiciones; el punto de Agustín es metodológico, no un cálculo definitivo.

Los hijos de Dios y los gigantes

Sobre Génesis 6, Agustín rechaza la lectura, popular en la tradición judía antigua y en el 1 Enoc, de que los "hijos de Dios" serían ángeles que se unieron a mujeres. Para él, son los hijos de Set que cayeron al unirse con las hijas de Caín, y los gigantes ya existían antes de esa unión, sin ser por tanto descendencia de ángeles. El capítulo es también donde descarta los libros apócrifos atribuidos a Enoc como carentes de autoridad canónica, aunque admite que el apóstol Judas cita a Enoc. Es una postura que aparta deliberadamente la mitología angelológica del texto.

La ira de Dios y la lectura figurada

Dos puntos de método teológico cierran el libro. Primero, la impasibilidad divina: cuando la Escritura habla de la ira o del arrepentimiento de Dios, Agustín insiste en que no se trata de una emoción que perturbe el ánimo divino, sino de lenguaje acomodado, un juicio que aplica castigo sin alterar la tranquilidad inmutable de Dios. Segundo, la defensa simultánea de la historia y de la alegoría: las dimensiones del arca, la puerta en su costado, los pisos, todo se lee como figura de Cristo y de la Iglesia, pero Agustín se niega a disolver el relato en pura alegoría. Contra quienes niegan la posibilidad física del diluvio y del arca, responde con argumentos sobre codos geométricos y capacidad, y sostiene que el lector no debe aceptar solo la historia literal ni solo el sentido figurado.

“La ira de Dios no es una emoción que le perturbe el ánimo, sino un juicio por el que se inflige castigo al pecado.”

Agustín de Hipona, A Cidade de Deus - Livro XV 25:1

Recepción y relevancia

La tipología del arca como figura de la Iglesia y de la madera de la cruz, y la lectura de Caín y Abel como las dos ciudades, se convirtieron en lugares comunes de la exégesis medieval. La doctrina de la impasibilidad divina expuesta aquí alimentó la teología escolástica posterior sobre los atributos de Dios. El método de Agustín, sostener al mismo tiempo el hecho histórico y el sentido alegórico sin sacrificar uno al otro, define su modo de leer el Antiguo Testamento a lo largo de toda la obra.

Texto y Traducción

Aquí en portugués junto al inglés de la traducción clásica de Marcus Dods (1871, dominio público). Cita por libro, capítulo y sección.