Capítulos

A Cidade de Deus - Livro VII

La Ciudad de Dios, de Agustín

La Ciudad de Dios (De Civitate Dei) es la mayor obra apologética de Agustín de Hipona (354 a 430), compuesta entre aproximadamente 413 y 426, después de que el saqueo de Roma por los godos de Alarico, en 410, reavivara la acusación pagana de que el abandono de los dioses antiguos había provocado la catástrofe. La obra tiene veintidós libros y opone dos ciudades: la terrena, fundada en el amor de sí hasta el desprecio de Dios, y la celestial, fundada en el amor de Dios hasta el desprecio de sí. Los diez primeros libros refutan el paganismo, y los doce restantes trazan el origen, el desarrollo y el fin de las dos ciudades. El Libro VII es el séptimo de ese arco de refutación.

El argumento del Libro VII

Los libros VI y VII forman un par. El Libro VI ya había negado que el culto de los dioses romanos garantizara la vida eterna y bienaventurada; el Libro VII cierra ese punto examinando lo que quedaba de más sólido en la posición adversaria: los dioses selectos, es decir, los principales del panteón que Marco Terencio Varrón trató en el último de sus dieciséis libros sobre la teología civil. Agustín declara el objetivo desde el prefacio: mostrar que ni siquiera esos dioses principales confieren la vida bienaventurada, que para él se identifica con la vida eterna ((A Cidade de Deus - Livro VII 1:4)). El método es interno: acepta por hipótesis las propias categorías de Varrón y las lleva al punto en que se contradicen.

El ataque tiene dos frentes. En el primero, Agustín argumenta que la selección de pocos dioses carece de razón coherente, pues funciones mayores en el gobierno del mundo corresponden a divinidades menores que quedaron fuera, y que los selectos son celebrados sobre todo por la notoriedad de sus crímenes ((A Cidade de Deus - Livro VII 3)). En el segundo, desmonta las interpretaciones físicas con que Varrón intentaba salvar el culto, leyendo cada dios como una parte o fuerza del mundo: Jano como el mundo, Júpiter como el alma del mundo, Saturno, Telos, la Gran Madre y los demás reducidos a cielo, tierra, semillas y ciclos naturales ((A Cidade de Deus - Livro VII 9)). El argumento de Agustín es que, si esas reducciones valieran, quedaría un solo principio y los muchos dioses se disolverían en uno, de modo que todo lo atribuido al mundo y a sus partes debería atribuirse al Creador ((A Cidade de Deus - Livro VII 29)).

Varrón como testigo de cargo

El método de Agustín en este libro depende casi íntegramente de Varrón, el más erudito de los anticuarios romanos, cuyas Antigüedades de las cosas divinas se perdieron y cuyo contenido conocemos en gran parte por estas citas. Agustín no lo trata como enemigo, sino como erudito honesto que, al registrar e intentar racionalizar el culto, terminó exponiendo su incoherencia. El argumento decisivo es que el propio Varrón confiesa no ver en los dioses de la teología civil más que el alma del mundo y sus partes, sin llegar al Dios que hizo el alma:

“Tu alma, tan erudita y tan hábil, jamás podría, por medio de esos misterios, haber alcanzado a su Dios; es decir, el Dios por quien, y no con quien, fue hecha, del cual no es parte, sino obra.”

Agustín de Hipona, A Cidade de Deus - Livro VII 5:7

Agustín recuerda también que el propio Varrón admitía ser ambiguas sus opiniones sobre los dioses ((A Cidade de Deus - Livro VII 17)), lo que refuerza la estrategia de vencer al adversario con las palabras del adversario.

El cierre cristiano

Los últimos capítulos vuelcan la refutación hacia la tesis positiva de la obra. Agustín sostiene que el misterio de la redención de Cristo nunca faltó al género humano, habiendo sido anunciado bajo formas diversas y después confiado al pueblo hebreo a través de ritos, sacerdocio y profecía ((A Cidade de Deus - Livro VII 32)), y que solo la religión cristiana pudo desenmascarar a los dioses paganos como demonios que se alegran con el error de los hombres ((A Cidade de Deus - Livro VII 33)). El libro termina con el episodio del rey Numa Pompilio, cuyos libros sobre las causas secretas de los ritos romanos el senado mandó quemar, y que Agustín lee como señal de que esas causas eran abominables incluso para los paganos, aprendidas por hidromancia, una forma de adivinación engañada por demonios vistos en el agua ((A Cidade de Deus - Livro VII 35)).

Contenido del Libro

Texto y traducción

La obra circula aquí en portugués junto al inglés de la traducción clásica de Marcus Dods (1871, dominio público), realizada a partir del latín de Agustín. La cita sigue la convención de la obra, por libro, capítulo y sección. Los pasajes en que Agustín reproduce a Varrón conservan, por extensión, fragmentos de un autor cuya obra original no sobrevivió.