Capítulos
A Cidade de Deus - Livro VI
La Ciudad de Dios, de Agustín
La Ciudad de Dios fue escrita por Agustín de Hipona (354-430) entre aproximadamente 413 y 426, en 22 libros, en respuesta al saqueo de Roma por Alarico en 410, que los paganos atribuían al abandono de los dioses antiguos. La obra contrapone la ciudad terrena a la ciudad de Dios. Los libros I a X refutan el paganismo; los libros XI a XXII tratan del origen, el desarrollo y el fin de las dos ciudades.
El Libro VI en la obra
El Libro VI abre la segunda mitad de la sección antipagana. En los cinco libros anteriores Agustín argumentó que los dioses no sirven ni siquiera para la prosperidad de esta vida; ahora examina la afirmación más fuerte: que ellos dan la vida eterna después de la muerte. El blanco de este libro ya no es el pueblo sencillo, sino los filósofos y eruditos paganos que defienden el culto como camino de salvación. La estructura es breve y cerrada: doce capítulos que articulan un único silogismo, clausurado en el capítulo final, según el cual los dioses incapaces de dar felicidad en esta vida no pueden dar la felicidad eterna de la otra.
El método: usar a Varrón y Séneca contra el paganismo
Agustín no combate el paganismo con fuentes cristianas, sino con los propios paganos. El interlocutor central es Marco Terencio Varrón (116-27 a.C.), considerado el más erudito de los romanos, cuyas Antigüedades de las Cosas Humanas y Divinas están hoy perdidas y sobreviven en gran parte solo porque Agustín las cita. De esa obra Agustín extrae la división tripartita en teología fabulosa, natural y civil, y muestra que el propio Varrón trató primero de las cosas humanas y solo después de las divinas, admitiendo así que los ritos son institución de los hombres, no verdad revelada. El segundo testigo es Séneca (hacia 4 a.C.-65 d.C.), contemporáneo de los apóstoles, cuyo tratado perdido Sobre la superstición también se conoce solo por las citas de este libro. Séneca ridiculizó abiertamente los cultos del Capitolio, pero, como senador, continuaba practicándolos, lo que Agustín expone como hipocresía.
El punto que Agustín extrae de Varrón es que la teología civil, la religión oficial de Roma, es solo la teología fabulosa del teatro sostenida por el Estado, igualmente falsa e indigna:
“Pero querer distinguir la natural de la civil, ¿qué otra cosa es sino confesar que la propia civil es falsa?”Agustín de Hipona, A Cidade de Deus - Livro VI 5:8
La cuestión de los judíos y los cristianos
El capítulo 11 conserva uno de los pasajes más citados de Séneca sobre el judaísmo, en el que reprende la observancia del sábado como desperdicio de una séptima parte de la vida, pero reconoce el asombro de que las costumbres de aquella nación vencida se hubieran extendido por todas las tierras. Agustín registra también que Séneca no se atrevió a mencionar a los cristianos, ni para elogio ni para censura. El pasaje es importante para la historia de la relación entre Roma, el judaísmo y el cristianismo naciente, y es tratado con cuidado por los historiadores, ya que la cita llega filtrada por Agustín, tres siglos después.
Contenido del Libro
- Concluida la refutación de quienes adoran a los dioses por causa de esta vida, Agustín pasa a quienes los adoran buscando la vida después de la muerte; abre con el Salmo 39:4 y el ejemplo de las Ninfas que dan agua, no vino. — (A Cidade de Deus - Livro VI 1)
- Lo que Varrón, el más erudito de los romanos, pensaba realmente de los dioses: tanto que habría sido más reverente si hubiera guardado silencio al respecto. — (A Cidade de Deus - Livro VI 2)
- La división de las Antigüedades de Varrón entre cosas humanas y cosas divinas. — (A Cidade de Deus - Livro VI 3)
- Varrón escribió primero de las cosas humanas y solo después de las divinas, admitiendo que los ritos son institución humana, no realidad natural. — (A Cidade de Deus - Livro VI 4)
- La división de Varrón en teología fabulosa (de los poetas y del teatro), natural (de los filósofos) y civil (del pueblo y de los sacerdotes). — (A Cidade de Deus - Livro VI 5)
- La teología fabulosa es falsa e indigna; pero la civil, que Varrón salva, está llena de las mismas vergüenzas. — (A Cidade de Deus - Livro VI 6)
- La semejanza y la concordancia entre la teología fabulosa y la civil: el teatro y el templo rinden culto a los mismos dioses. — (A Cidade de Deus - Livro VI 7)
- Las interpretaciones alegóricas y físicas con que los maestros paganos intentan salvar a los dioses, reduciéndolos a elementos de la naturaleza. — (A Cidade de Deus - Livro VI 8)
- Las funciones mínimas repartidas entre los dioses: si ni de esas pequeñas tareas dan cuenta, menos aún pueden dar la vida eterna. — (A Cidade de Deus - Livro VI 9)
- Séneca, contemporáneo de los apóstoles, censuró la teología civil con más vehemencia que Varrón la fabulosa, pero adoraba en los templos lo que condenaba en el corazón. — (A Cidade de Deus - Livro VI 10)
- Lo que Séneca pensaba de los judíos y de los sábados, y por qué no se atrevió a nombrar a los cristianos. — (A Cidade de Deus - Livro VI 11)
- Ninguna de las tres teologías puede dar la felicidad; por lo tanto, ninguna puede dar la vida eterna, que es felicidad sin fin. — (A Cidade de Deus - Livro VI 12)
Prefacio: el giro hacia la vida eterna
La obra perdida de Varrón
Los tres géneros de teología
Las interpretaciones naturales de los paganos
Séneca y la conclusión
Texto y Traducción
Aquí en portugués junto al inglés de la traducción clásica de Marcus Dods (1871, dominio público). La cita sigue la división por libro, capítulo y sección.