Capítulos

A Cidade de Deus - Livro III

La Ciudad de Dios, de Agustín

La Ciudad de Dios (De Civitate Dei) es obra de Agustín de Hipona (354 a 430), escrita poco a poco entre aproximadamente 413 y 426 en veintidós libros, motivada por el saqueo de Roma por los visigodos de Alarico en 410. Los paganos atribuían la catástrofe al abandono de los antiguos dioses, prohibido después de que el cristianismo se convirtiera en la religión oficial del imperio. Agustín responde contraponiendo dos ciudades: la terrena, fundada en el amor de sí misma hasta el desprecio de Dios, y la ciudad de Dios, fundada en el amor a Dios hasta el desprecio de sí. Los libros I a X refutan el paganismo, y los libros XI a XXII tratan del origen, el curso y el fin de las dos ciudades.

El Libro III en la obra

El Libro III cierra la primera frente de la apología. Donde el Libro II había tratado de los daños morales que el culto pagano trajo a Roma, este libro recorre los males físicos y militares, lo que Agustín llama los males "que son los únicos temidos por los paganos": el hambre, la peste, la guerra, el pillaje, el cautiverio y la masacre. La tesis es documental: catástrofes de ese tipo marcaron la historia romana desde la fundación, en los siglos en que los dioses eran adorados sin rival, y por lo tanto no fue el cristianismo quien las introdujo.

Agustín comienza por el propio origen mítico de Roma. Si los dioses retiraron su protección de Troya a causa del adulterio de París, observa, deberían haber castigado también a los romanos, descendientes de Eneas, hijo del adulterio de Venus con Anquises. El punto es que esos dioses son "instigadores y maestros del vicio, no sus vengadores". A partir de ahí el libro avanza por siglos de guerra: los orígenes bajo los reyes, el conflicto fratricida entre Roma y Alba decidido por el combate de los Horacios y Curiacios, los desastres que siguieron a la instauración del consulado, las guerras púnicas y, por último, las guerras civiles de Mario y Sila.

El método es deliberado: Agustín cita a los propios historiadores romanos, sobre todo a Salustio, para no ser acusado de inventar o exagerar las desgracias de Roma. Insiste en que "todo lo que dijimos lo derivamos de ellos", y que hay mucho más que decir. El estribillo que estructura el capítulo 17 es la pregunta "¿Dónde estaban, pues, esos dioses?", repetida ante cada peste, hambre y derrota.

“Ahora bien, si esos dioses no podían apartar de sí mismos el fuego, ¿qué ayuda contra las llamas o la inundación podían traer al Estado del que se les tenía por guardianes? Los hechos demostraron que eran inútiles.”

Agostinho de Hipona, A Cidade de Deus - Livro III 18:8

Contenido del Libro

El argumento y sus límites

El Libro III es acumulativo y cierra con el capítulo final retomando la tesis: es un disparate atribuir las desgracias del presente a Cristo y a la prohibición del culto politeísta, dado que tales calamidades sobrevenían al pueblo incluso cuando los altares de los dioses ardían. Agustín llega a señalar que, en el saqueo de 410, fueron los lugares consagrados a Cristo los que sirvieron de asilo, incluidos quienes ahora calumnian la era cristiana.

Cabe notar lo que el libro no hace. Es polémica negativa: demuele la pretensión de que los dioses protegían a Roma, pero no prueba aún que el Dios cristiano la hubiera preservado, ni que la prosperidad temporal sea señal del favor divino. Esa negativa a medir la verdadera religión por la fortuna terrena es parte del propio argumento de Agustín, desarrollado en los libros siguientes; aquí aparece sobre todo como espina contra el adversario. El lector crítico también notará que muchos de los ejemplos provienen de fuentes literarias y legendarias (Virgilio, los anales antiguos) tanto como de historia documentada, distinción que Agustín no siempre marca.

Texto y Traducción

Texto en portugués junto al inglés de la traducción clásica de Marcus Dods (1871, dominio público). La cita sigue el patrón de la obra: libro, capítulo y sección.