Capítulos

A Cidade de Deus - Livro II

La Ciudad de Dios, de Agustín

Obra de Agustín de Hipona (354-430), escrita entre aproximadamente 413 y 426 en 22 libros, motivada por el saqueo de Roma por Alarico y los visigodos en 410, cuando los paganos acusaron al cristianismo de haber causado la caída de la ciudad. Agustín contrasta dos ciudades: la terrena, fundada en el amor de sí misma hasta el desprecio de Dios, y la ciudad de Dios, fundada en el amor a Dios hasta el desprecio de sí. Los diez primeros libros refutan el paganismo, y los doce siguientes trazan el origen, el curso y el fin de las dos ciudades.

El Libro II en la obra

El Libro II integra la primera parte de la obra, la refutación del paganismo. Su argumento es que el culto a los dioses de Roma, lejos de proteger la ciudad, le trajo el peor de los males: la corrupción moral. Agustín parte de una pregunta directa: por qué esos dioses nunca dieron a sus adoradores preceptos de conducta ni enviaron profetas para corregir a los transgresores, como lo hace el Dios de los cristianos.

“Correspondía a esos dioses, que eran los guardianes de los hombres, publicar en términos claros las leyes de una vida buena, y no ocultarlas a sus adoradores.”

Agostinho de Hipona, A Cidade de Deus - Livro II 4:2

Para Agustín, el silencio moral de los dioses se agrava por el contenido de su culto. Relata, como testigo ocular de su juventud, los espectáculos obscenos celebrados en honor de la madre de los dioses, y argumenta que tales representaciones teatrales agradaban a las divinidades en vez de ofenderlas, lo que prueba que eran demonios, no dioses verdaderos. Los capítulos sobre el teatro culminan en el contraste con Platón, que desterró a los poetas de su ciudad ideal: un filósofo pagano mostró más decoro que los propios dioses de Roma, quienes exigían ser honrados con piezas que difamaban su carácter, mientras la ley romana tenía a los actores por infames.

La segunda mitad del libro responde directamente a la acusación de 410. Recurriendo al historiador Salustio y al estadista Cicerón, autores paganos del siglo I a.C., Agustín muestra que la república ya se había corrompido mucho antes de Cristo, sobre todo después de la destrucción de Cartago, cuando, en palabras de Salustio, la ciudad se volvió "completamente perversa y disoluta". Cita también a Cicerón, en el De Republica, según quien la república romana ya estaba extinguida en su propio tiempo. La conclusión es que esos males son anteriores al nacimiento de Cristo, y que los dioses nada hicieron para impedirlos, de modo que la culpa no puede recaer sobre el cristianismo.

Los últimos capítulos atribuyen el poder maligno de los espectáculos a los demonios, ilustrado por la carrera de Sila, y el libro cierra con una exhortación a los romanos para que abandonen los falsos dioses y busquen la patria celestial.

“No persigáis, pues, por más tiempo dioses falsos y engañosos; abjuradlos antes bien y despreciadlos, irrumpiendo en la verdadera libertad. No son dioses, sino espíritus malignos.”

Agostinho de Hipona, A Cidade de Deus - Livro II 29:5

Contenido del Libro

Texto y Traducción

Texto en portugués junto al inglés de la traducción clásica de Marcus Dods (1871, dominio público), con cita por libro, capítulo y sección.