Capítulos

A Cidade de Deus - Livro I

La Ciudad de Dios, de Agustín

La Ciudad de Dios (De Civitate Dei) es obra de Agustín de Hipona (354-430), compuesta entre aproximadamente 413 y 426 en 22 libros. El detonante fue el saqueo de Roma el 24 de agosto de 410 por los visigodos de Alarico. El impacto del acontecimiento reavivó la acusación pagana de que la ciudad había caído porque abandonó a los antiguos dioses en favor del cristianismo. Agustín responde con un contraste que estructura toda la obra: la ciudad terrena, fundada en el amor de sí misma hasta el desprecio de Dios, y la ciudad de Dios, fundada en el amor a Dios hasta el desprecio de sí. Los libros I a X refutan el paganismo (cinco contra quienes veneran a los dioses por bienes temporales, cinco contra quienes los veneran por la vida futura); los libros XI a XXII tratan del origen, el curso y el fin de las dos ciudades.

La obra está dedicada a Marcelino, funcionario imperial y amigo de Agustín en Cartago, quien le había pedido una respuesta a las objeciones del pagano Volusiano. Agustín declara ese vínculo ya en la primera frase del Libro I.

“La gloriosísima Ciudad de Dios es el tema de esta obra, que vos, mi queridísimo hijo Marcelino, sugeristeis, y que os es debida por promesa mía.”

Agostinho de Hipona, A Cidade de Deus - Livro I 1:1

El Libro I en la obra

El Libro I abre la parte que refuta el paganismo y ataca directamente la tesis de que Cristo arruinó a Roma. Agustín observa que los bárbaros perdonaron a quienes se refugiaron en las iglesias y basílicas de los apóstoles, cristianos y paganos por igual, y atribuye esa clemencia inusual al respeto por el nombre de Cristo. Es honesto en cuanto al límite del argumento: el asilo religioso no era una invención cristiana, y él mismo recuerda que el templo de Juno en Troya no sirvió de nada a los vencidos, al contrario de las iglesias en el saqueo de 410.

A partir de ahí, el libro enfrenta el problema de las adversidades que recaen sobre buenos y malos sin distinción, sosteniendo que la misma aflicción prueba al justo y condena al impío, como el mismo fuego hace brillar el oro y humear la paja. Trata luego de la castidad de las cristianas violadas en el cautiverio, defendiendo que la violencia sufrida sin consentimiento de la voluntad no mancha el alma, y discute largamente la licitud del suicidio. Aquí Agustín confronta los ejemplos romanos celebrados, Lucrecia, Catón y Régulo, para argumentar que quitarse la vida nunca es señal de grandeza de alma y que no debe evitarse un pecado cometiendo otro. El libro cierra respondiendo a los incrédulos, exponiendo los vicios de Roma que la caída no corrigió, y anunciando el tema de las dos ciudades entrelazadas hasta el juicio final, que la obra desarrollará en adelante.

Contenido del Libro

Texto y Traducción

El texto en portugués se presenta junto al inglés de la traducción clásica de Marcus Dods (1871, dominio público). La cita sigue la convención de la obra: por libro, capítulo y sección.