Segunda Apología de Justino Mártir 6
Los cristianos conservan el mundo
Así, Dios también pospone poner fin a la confusión y destrucción del universo, a causa de la semilla de los cristianos, recién esparcida por el mundo, que él sabe que es la causa de la conservación de la naturaleza.
De hecho, si así no fuera, vosotros no tendríais poder para hacer nada de aquello que hacéis con nosotros, ni seríais manejados por los demonios, como instrumentos de su acción; mas descendiendo el fuego de juicio, ya habría separado todo sin excepción, del mismo modo como no dejó vivo a nadie antes del diluvio, a no ser a aquel que nosotros llamamos Noé, juntamente con los suyos, y que vosotros llamáis Deucalión, del cual nació de nuevo numerosa multitud de hombres, unos malos, otros buenos.
En efecto, nosotros decimos que acontecerá la conflagración universal, pero no, como dicen los estoicos a causa de la transformación de unas cosas en otras, pues eso nos parece muy torpe. Tampoco decimos que los hombres actúan o sufren por necesidad del destino, sino que cada uno actúa bien o peca por su libre determinación. Añadimos además que, por obra de los perversos demonios, hombres buenos, como Sócrates y otros semejantes, fueron perseguidos y aprisionados, y, al contrario, Sardanápalo, Epicuro y otros de su calaña vivieron, al parecer, en la abundancia, gloria y felicidad.
No entendiendo eso, los estoicos dijeron que todo sucede por necesidad del destino.
Mas no es así; en el principio, Dios creó libres tanto a los ángeles como al género humano y, por eso, recibieron con justicia el castigo de sus pecados en el fuego eterno.
La naturaleza de todo lo que tiene principio es esta: ser capaz de vicio y de virtud, pues nadie sería digno de alabanza si no pudiera también volverse hacia uno de esos extremos.
Demuestran eso aquellos hombres que, en todas partes, legislaron y filosofaron conforme a la recta razón, al mandar que se hagan algunas cosas y se eviten otras.
Los propios filósofos estoicos, en su doctrina sobre costumbres, tienen en alta estima esos mismos principios. Esto prueba que ellos no están en el camino cierto en su metafísica sobre los principios y lo incorpóreo.
De hecho, al decir que todo lo que los hombres hacen acontece por necesidad del destino o que Dios no es otra cosa sino eso que constantemente se muda, se transforma y se disuelve en los mismos elementos, se hace patente que tienen idea apenas de lo corruptible y que Dios, en sus partes y como un todo, se produce en medio de toda maldad o, por fin, que la virtud y la maldad nada son. Esto choca contra toda idea prudente, contra toda razón e inteligencia.