Segunda Apología de Justino Mártir 3

El suicidio no es lícito

Sin embargo, para que no se diga: "Mataos unos a otros, e id de una vez a vuestro Dios, y no nos incomodéis más", quiero decir por qué no hacemos eso y también por qué, al ser interrogados, confesamos valientemente nuestra fe.
Nosotros hemos aprendido que Dios no hizo el mundo por casualidad, sino a causa del género humano, y ya hemos dicho que él se complace con aquellos que imitan sus cualidades y, a cambio, se desagrada con aquellos que, por palabras u obras, se entregan al mal.
Por lo tanto, si todos nos matáramos a nosotros mismos, seríamos culpables de que naciera alguien que sería instruido en las enseñanzas divinas y, en lo que dependería de nosotros, seríamos responsables de la desaparición del género humano y, haciendo eso, también nosotros obraríamos de modo contrario al designio de Dios.
En cuanto a no negar al ser interrogados, eso se debe al hecho de que nosotros no tenemos conciencia de haber cometido ningún mal y, al contrario, consideramos como impiedad no ser en todo veraces. Sabemos que eso es agradable a Dios, y nos apresuramos a libraros ahora de la injusta preocupación contra nosotros.