Segunda Apología de Justino Mártir 13
Soy cristiano
Yo también, al percatarme de que los malvados demonios habían lanzado un velo sobre las divinas enseñanzas de Cristo, a fin de apartar de ellas a los otros hombres, desprecié de la misma manera a aquellos que propagaban tales calumnias como el velo de los demonios y la opinión del vulgo.
Confieso que todas mis oraciones y esfuerzos tienen por finalidad mostrarme cristiano, no porque las doctrinas de Platón sean ajenas a Cristo, mas porque ellas no son totalmente semejantes, como también las de los otros filósofos, los estoicos, por ejemplo, poetas e historiadores.
De hecho, cada uno habló bien, viendo lo que tenía afinidad con él, por la parte que le cupo del Verbo seminal divino. Sin embargo, es evidente que aquellos que en puntos muy fundamentales se contradijeron los unos a los otros, no alcanzaron una ciencia infalible, ni un conocimiento irrefutable.
Por lo tanto, todo lo que de bueno fue dicho por ellos, pertenece a nosotros, cristianos, porque nosotros adoramos y amamos, después de Dios, al Verbo, que procede del mismo Dios ingénito e inefable. Él, por amor a nosotros, se hizo hombre para compartir nuestros sufrimientos y curarlos.
Todos los escritores solo pudieron oscuramente ver la realidad, gracias a la semilla del Verbo en ellos ingénita.
En efecto, una cosa es el germen y la imitación de algo, que es hecha conforme a la capacidad; y otra, aquel mismo del cual se participa e imita, conforme a la gracia que también de él procede.