Segunda Apología de Justino Mártir 10

Poseemos el Verbo entero

Por lo tanto, nuestra religión se muestra más sublime que toda enseñanza humana, por la simple razón de que poseemos el Verbo entero, que es Cristo, manifestado por nosotros, haciéndose cuerpo, razón y alma.
En efecto, todo lo que los filósofos y legisladores dijeron y encontraron de bueno, fue elaborado por ellos mediante la investigación y la intuición, conforme a la parte del Verbo que les cupo.
Sin embargo, como ellos no conocieron el Verbo entero, que es Cristo, frecuentemente se contradijeron unos a otros.
Aquellos que antes de Cristo intentaron investigar y demostrar las cosas por la razón, conforme a las fuerzas humanas, fueron llevados a los tribunales como impíos y amigos de novedades.
Sócrates, que más se empeñó en esto, fue acusado de los mismos crímenes que nosotros, pues decían que él introducía nuevos demonios y que no reconocía a aquellos que la ciudad consideraba como dioses.
El hecho es que, expulsando de la república a Homero y otros poetas, él enseñó a los hombres a rechazar los malos demonios, que cometieron las abominaciones de que hablan los poetas, y al mismo tiempo los exhortaba al conocimiento de Dios, para ellos desconocido, por medio de investigación racional, diciendo: "No es fácil encontrar al Padre y artífice del universo, ni, cuando lo hubiéremos encontrado, es seguro decirlo a todos."
Fue justamente lo que nuestro Cristo hizo por su propia virtud.
En efecto, nadie creyó en Sócrates, hasta que él dio su vida por esa doctrina; en Cristo, sin embargo, que en parte fue conocido por Sócrates, - pues él era y es el Verbo que está en todo, y fue quien predijo el futuro a través de los profetas y, hecho de nuestra naturaleza, por mismo nos enseñó estas cosas - en Cristo creyeron no solo filósofos y hombres cultos, sino también artesanos y personas totalmente ignorantes, que supieron despreciar la opinión, el miedo y la muerte; porque él es la virtud del Padre inefable y no un vaso de humana razón.