Primera Apología de Justino Mártir 68

Petición final

Por tanto, si os parece que tales doctrinas provienen de la razón y de la verdad, respetadlas; mas si las consideráis como charlatanería o cosa de charlatanes, despreciadlas. No decretéis, sin embargo, pena de muerte, como contra enemigos, contra aquellos que ningún crimen cometen.
De hecho, os avisamos de antemano, que, si os obstináis en vuestra iniquidad, no escaparéis del futuro juicio de Dios. De nuestra parte, exclamaremos: "Acontezca lo que Dios quiera".
Podríamos también exigir que mandéis celebrar los juicios de los cristianos conforme a nuestra petición, apoyándonos en la carta del máximo y gloriosísimo César Adriano, vuestro padre. Sin embargo, no os hicimos nuestra súplica, ni dirigimos nuestra exposición, porque Adriano lo juzgase así, sino porque estamos persuadidos de la justicia de nuestras peticiones.
Sin embargo, adjuntamos para vosotros una copia de la carta de Adriano, para que veáis, según su tenor, que decimos la verdad.
La copia es la siguiente: "A Mimicio Fundano.
He recibido una carta que me fue escrita por Serenio Graniano, hombre distinto, a quien sucediste.
No me parece que el asunto deba quedar sin esclarecimiento, a fin de que los hombres no se perturben, ni se faciliten las fechorías de los delatores.
De esta forma, si los provincianos son capaces de sustentar abiertamente su demanda contra los cristianos, de modo que respondan a ella ante el tribunal, deberán atenerse a ese procedimiento y no a meras peticiones y griterías.
En efecto, es mucho más conveniente que, si alguien pretende hacer una acusación, examines el asunto.
En conclusión, si alguien acusa a los cristianos y demuestra que realizan alguna cosa contra las leyes, determina la pena, conforme a la gravedad del delito. Mas, por Hércules, si la acusación es calumniosa, castígale con mayor severidad y cuida para que no quede impune."