Primera Apología de Justino Mártir 67

Liturgia dominical

Después de esa primera iniciación, recordamos constantemente entre nosotros esas cosas y aquellos de nosotros que poseen alguna cosa socorren a todos los necesitados y siempre nos ayudamos mutuamente.
Por todo lo que comemos, bendecimos siempre al Creador de todas las cosas, por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo.
En el día que se llama del sol, se celebra una reunión de todos los que moran en las ciudades o en los campos, y ahí se leen, mientras el tiempo lo permite, las Memorias de los apóstoles o los escritos de los profetas.
Cuando el lector termina, el presidente hace una exhortación e invitación para imitar esos bellos ejemplos.
En seguida, nos levantamos todos juntos y elevamos nuestras plegarias. Después de terminadas, como ya dijimos, se ofrece pan, vino y agua, y el presidente, conforme a sus fuerzas, hace igualmente subir a Dios sus plegarias y acciones de gracias y todo el pueblo exclama, diciendo: "Amén". Viene después la distribución y participación hecha a cada uno de los alimentos consagrados por la acción de gracias y su envío a los ausentes por los diáconos.
Los que poseen alguna cosa y quieran, cada uno conforme a su libre voluntad, da lo que bien le parece, y lo que fue recogido se entrega al presidente. Él lo distribuye a huérfanos y viudas, a los que por necesidad u otra causa están necesitados, a los que están en las prisiones, a los forasteros de paso, en una palabra, él se torna en el proveedor de todos los que se encuentran en necesidad.
Celebramos esa reunión general en el día del sol, porque fue el primer día en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo, y también el día en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de los muertos. En efecto, se sabe que lo crucificaron un día antes del día de Saturno y en el día siguiente al de Saturno, que es el día del Sol, él apareció a sus apóstoles y discípulos, y nos enseñó estas mismas doctrinas que estamos exponiendo para vuestro examen.