Primera Apología de Justino Mártir 65
Fraternidad y eucaristía
Por nuestra parte, después de que así fue lavado aquel que creyó y se unió a nosotros, lo llevamos a los que se llaman hermanos, en el lugar en que están reunidos, con el fin de elevar fervorosamente oraciones en común por nosotros mismos, por aquel que acaba de ser iluminado y por todos los otros esparcidos por el mundo entero, suplicando que se nos conceda, ya que conocemos la verdad, ser hallados por nuestras obras como hombres de buena conducta y observantes de lo que nos mandaron, y así consigamos la salvación eterna.
Terminadas las oraciones, nos damos mutuamente el ósculo de la paz.
Después a aquel que preside a los hermanos es ofrecido pan y una vasija con agua y vino; tomándolos, él alaba y glorifica al Padre del universo a través del nombre de su Hijo y del Espíritu Santo, y pronuncia una larga acción de gracias, por habernos concedido estos dones que de él provienen. Cuando el presidente termina las oraciones y la acción de gracias, todo el pueblo presente aclama, diciendo: "Amén."
Amén, en hebreo, significa "así sea".
Después de que el presidente dio acción de gracias y todo el pueblo aclamó, los que entre nosotros se llaman ministros o diáconos dan a cada uno de los presentes parte del pan, del vino y del agua sobre los cuales se pronunció la acción de gracias y los llevan a los ausentes.