Primera Apología de Justino Mártir 61
(El bautismo): iluminación y regeneración
Explicaremos ahora de qué modo, después de renovados por Jesucristo, nos consagramos a Dios, para que no acontezca que, omitiendo este punto, demos la impresión de proceder un poco maliciosamente en nuestra exposición.
Todos los que se convencen y creen que son verdaderas estas cosas que nosotros enseñamos y decimos, y prometen que podrán vivir de acuerdo con ellas, son instruidos en primer lugar para que con ayuno oren y pidan perdón a Dios por sus pecados anteriormente cometidos, y nosotros oramos y ayunamos juntamente con ellos.
Después los conducimos a un lugar donde haya agua y por el mismo baño de regeneración con que también nosotros fuimos regenerados ellos son regenerados, pues entonces toman en el agua el baño en nombre de Dios, Padre soberano del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo y del Espíritu Santo.
Es así como Cristo dijo: "Si no nacéis de nuevo, no entraréis en el Reino de los Cielos".
Es evidente para todos que, una vez nacidos, no es posible entrar de nuevo en el seno de nuestras madres.
También el profeta Isaías, como citamos anteriormente, dijo cómo huirían de los pecados aquellos que antes pecaron y ahora se arrepienten.
He aquí lo que él dijo: "Lavaos, purificaos, quitad las maldades de vuestras almas y aprended a hacer el bien, juzgad al huérfano y haced justicia a la viuda; entonces venid y conversemos, dice el Señor. Si vuestros pecados fueren como la púrpura, yo los tornaré blancos como la lana; si fueren como la escarlata, yo los blanquearé como la nieve.
Si no me escuchareis, la espada os devorará, porque así habló la boca del Señor."
La explicación que aprendimos de los apóstoles sobre esto es la siguiente:
Una vez que no tuvimos conciencia de nuestro primer nacimiento, pues fuimos generados por necesidad de un germen húmedo, a través de la unión mutua de nuestros padres, y nos criamos en costumbres malas y en conducta perversa, ahora, para que no continuemos siendo hijos de la necesidad y de la ignorancia, sino de la libertad y del conocimiento y, al mismo tiempo, alcancemos el perdón de nuestros pecados anteriores, se pronuncia en el agua, sobre aquel que decidió regenerarse y se arrepiente de sus pecados, el nombre de Dios, Padre y soberano del universo; y aquel que conduce al baño pronuncia este único nombre sobre aquel que va a ser lavado.
En efecto, nadie es capaz de dar un nombre al Dios inefable; si alguien se atreviese a decir que ese nombre existe, sufriría la más vergonzosa locura.
Ese baño se llama iluminación, para dar a entender que son iluminados los que aprenden estas cosas.
El iluminado se lava también en nombre de Jesucristo, que fue crucificado bajo Poncio Pilato, y en el nombre del Espíritu Santo, que, por medio de los profetas, nos anunció previamente todo lo que se refiere a Jesús.