Primera Apología de Justino Mártir 5
La obra de los demonios
¿Qué puede haber en esto? Nosotros hicimos profesión de no cometer ninguna injusticia y no admitir esas impías opiniones. Vosotros, sin embargo, no examináis nuestros juicios, sino, movidos de pasión irracional y aguijoneados por demonios perversos, nos castigáis sin ningún proceso y sin sentir remordimiento alguno por ello.
Digamos la verdad: antiguamente, algunos demonios perversos, haciendo sus apariciones, violaron a las mujeres, corrompieron a los jóvenes y mostraron espantajos a los hombres. Con esto, quedaron aterrorizados aquellos que no juzgaban por la razón las acciones practicadas y así, llevados por el miedo y no sabiendo que eran demonios malos, les dieron nombres de dioses y llamaron a cada uno con el nombre que cada demonio se había puesto a sí mismo.
Cuando Sócrates, con raciocinio verdadero e investigando las cosas, intentó esclarecer todo esto y apartar a los hombres de los demonios, estos consiguieron, por medio de hombres que se complacen en la maldad, que él también fuera ejecutado como ateo e impío, alegando que él estaba introduciendo nuevos demonios. Intentan hacer lo mismo contra nosotros.
De hecho, por obra de Sócrates, no solo entre los griegos se demostró por la razón la acción de los demonios, sino también entre los bárbaros, por la razón en persona, que tomó forma, se hizo hombre y fue llamado Jesucristo. Por la fe que en él tenemos, no decimos que los demonios que hicieron estas cosas son buenos, sino demonios malvados e impíos, que no alcanzan o practican acciones semejantes, ni siquiera a los hombres que aspiran a la virtud.