Primera Apología de Justino Mártir 47

Sobre la ruina de Jerusalén

Escuchad lo que fue predicho por el Espíritu profético sobre la devastación futura de la tierra de los judíos. Las palabras fueron dichas como en la persona de aquellos que se maravillan con lo sucedido.
Son las siguientes: "Sión quedó desierta, Jerusalén quedó solitaria, y la casa, nuestro santuario, fue profanada; la gloria que nuestros padres bendijeron se convirtió en presa del fuego y todas sus maravillas se fundieron.
A este respecto, soportaste, te callaste y nos humillaste mucho".
Que Jerusalén haya quedado desierta, tal como fuera predicho, es cosa de la que estáis bien convencidos.
Y no solo se predijo su devastación, sino también, por el profeta Isaías, que a ninguno de ellos se le permitiría habitar en ella, con estas palabras: "La tierra de ellos está desierta, y los propios enemigos la devoran delante de ellos; y de ellos no habrá nadie que en ella se encontrase y decretasteis pena de muerte contra el judío que en ella habite". Que vosotros mismos montasteis guardia para que nadie en ella fuera encontrado, es cosa que sabéis perfectamente.