Primera Apología de Justino Mártir 44

Platón depende de Moisés

Esta doctrina nos fue enseñada por el Espíritu profético que, por medio de Moisés, nos atestigua que habló al primer hombre que había creado del siguiente modo: “Mira que delante de tu rostro está el bien y el mal: elige el bien”.
Y, de nuevo, a través de Isaías, otro profeta, sabemos que, en la persona de Dios, Padre y soberano del universo, fue dicho lo siguiente sobre ese mismo asunto:
Lavaos y purificaos, quitad la maldad de vuestras almas. Aprended a hacer el bien, juzgad al huérfano, haced justicia a la viuda; entonces, venid y conversaremos, dice el Señor. Aunque vuestros pecados sean como la púrpura, los dejaré blancos como la lana; aunque sean como escarlata, los tornaré blancos como la nieve.
Si quisiereis y me escuchareis, comeréis los bienes de la tierra; mas si no me escuchareis, la espada os devorará, porque así habló la boca del Señor".
La expresión anterior "La espada os devorará" no quiere decir que los que desobedezcan serán pasados a filo de espada, sino por "espada" debe entenderse el fuego, cuya presa son los que eligieron practicar el mal.
Por eso, dice: "La espada os devorará, porque así habló la boca del Señor."
Si hubiese hablado de la espada que corta y se separa inmediatamente, no habría dicho "devorará".
De modo que el propio Platón, al decir: "La culpa es de quien elige. Dios no tiene culpa", dijo eso por haberlo tomado del profeta Moisés, pues se sabe que este es más antiguo que todos los escritores griegos.
En general, todo lo que los filósofos y poetas dijeron sobre la inmortalidad del alma y de la contemplación de las cosas celestes, lo aprovecharon de los profetas, no solo para poder entender, sino también para expresar eso.
De ahí que parece haber en todos algo así como gérmenes de verdad. Sin embargo, se demuestra que no lo entendieron exactamente, por el hecho de que se contradicen unos a otros.
Concluyendo: Si decimos que los acontecimientos futuros fueron profetizados, ni por eso afirmamos que acontezcan por necesidad del destino; afirmamos que Dios conoce de antemano todo lo que será hecho por todos los hombres y es decreto suyo recompensar a cada uno según el mérito de sus obras y, por eso, justamente predice, por medio del Espíritu profético, lo que para cada uno vendrá de parte de él, conforme lo que sus obras merezcan. Con eso, él constantemente conduce el género humano a la reflexión y a la memoria, demostrándole que cuida y usa de providencia para con los hombres.
Sin embargo, por la acción de los malos demonios, se decretó pena de muerte contra aquellos que lean los libros de Histaspes, de la Sibila y de los profetas, a fin de impedir, por medio del terror, que los hombres consigan, leyéndolos, el conocimiento del bien, y retenerlos como sus esclavos; cosa que definitivamente los demonios no pudieron conseguir.
En efecto, no solo los leemos intrépidamente, sino también, como veis, nosotros os los ofrecemos, para que los examinéis, pues estamos seguros de que agradarán a todos. Aunque consigamos persuadir a algunas pocas personas, nuestra ganancia será muy grande, pues, como buenos agricultores, recibiremos del amo nuestra recompensa.