Primera Apología de Justino Mártir 32
Moisés, que fue el primero de los profetas, dijo literalmente: "No faltará príncipe de Judá, ni jefe salido de sus muslos, hasta que venga aquel a quien está reservado. Él será la esperanza de las naciones, atando su pollino a la vid y lavando su ropa en la sangre de la uva".
Por tanto, es vuestro deber averiguar con todo el rigor e informaros hasta cuándo los judíos tuvieron príncipe y rey salido de ellos, hasta la aparición de Jesucristo, nuestro Maestro e intérprete de las profecías desconocidas, tal como fue de antemano dicho por el Espíritu Santo profético, por medio de Moisés, que no faltaría príncipe de los judíos hasta aquel para el cual está reservada la realeza.
Judá fue el antepasado de los judíos, y de él los judíos recibieron ese nombre, y vosotros, después de la aparición de Cristo, imperasteis sobre los judíos y os apoderasteis de toda su tierra.
Las palabras: "Él será la esperanza de las naciones" querían decir que gente de todas las naciones esperará nuevamente su venida, cosa que podéis ver con vuestros propios ojos y comprobar en la realidad, pues gente de todas las razas de hombres espera aquel que fue crucificado en Judea, después de cuya muerte inmediatamente la tierra de los judíos fue tomada al poder de lanzas y entregada a vosotros.
La expresión: "Atando su pollino a la vid y lavando su ropa en la sangre de la uva" era símbolo de lo que había de acontecer a Cristo y de lo que sería hecho por él.
En efecto, fue así que, a la entrada de cierta aldea, estaba un pollino atado a una cepa, y él mandó que sus discípulos se lo llevasen y, después que el pollino fue llevado, montó sobre él y así entró en Jerusalén, donde estaba el mayor templo de los judíos, el mismo que más tarde fue destruido por vosotros. Después de la entrada en Jerusalén, él fue crucificado, a fin de que se cumpliese el resto de la profecía.
De hecho, el pasaje de que lavaría su ropa en la sangre de la uva, era anuncio anticipado de su pasión, significando que sufriría para lavar con su sangre aquellos que creerían en él.
En efecto, lo que el Espíritu divino llama por el profeta "su ropa", son los hombres que creen en él, en los cuales habita la semilla que procede de Dios, y que es el Verbo.
Y se habla también de la "sangre de la uva", para dar a entender que aquel que había de aparecer tendría ciertamente sangre, pero no de semen humano, sino de virtud divina.
El Verbo es la primera virtud o potencia después de Dios, Padre y soberano de todas las cosas, e Hijo suyo. Cómo este se hizo carne y nació hombre, lo diremos más adelante.
De hecho, del mismo modo que la sangre de la uva no es hecha por el hombre, sino por Dios, de la misma forma se daba a entender en esas palabras que la sangre de Cristo no procedería de semen humano, sino de virtud de Dios, como ya dijimos.
E Isaías, otro profeta, dice la misma cosa con otras palabras: "Se levantará una estrella de Jacob y una flor subirá de la raíz de Isaí; y las naciones esperaron sobre su brazo." En efecto, una estrella brillante se levantó y una flor subió de la raíz de Isaí, que es Cristo.
De hecho, él fue concebido, con la fuerza de Dios, por una virgen descendiente de Jacob, que fue padre de Judá, antepasado de los judíos, de quien ya hablé; según el oráculo, Isaí fue su abuelo y Cristo, según la sucesión de las generaciones, es hijo de Jacob y de Judá.