Primera Apología de Justino Mártir 29

La castidad cristiana

También evitamos la exposición de los niños, pues tememos que algunos de ellos, no siendo recogidos, vengan a morir y seamos reos de homicidio. Nosotros, o nos casamos desde el principio para la única finalidad de engendrar hijos, o renunciamos al matrimonio, permaneciendo absolutamente castos.
Para mostraros que la unión promiscua no es un misterio que celebramos, hubo el caso de que uno de los nuestros presentó un memorial al prefecto Félix en Alejandría, pidiéndole que autorizase a su médico para cortarle los testículos, pues los médicos de aquel lugar decían que tal operación no podía ser hecha sin permiso del gobernador.
Félix se negó absolutamente a firmar el pedido y el joven permaneció soltero, contentándose con el testimonio de su conciencia y el de sus compañeros en la fe.
Creemos que no estaría fuera de lugar recordar aquí a Antínoo, que vivió en estos tiempos, ante quien todos, por miedo, se postraron para honrar como dios, a pesar de saber muy bien quién era y de dónde venía.