Primera Apología de Justino Mártir 26

c) Los herejes no son perseguidos

En tercer lugar, porque, aun después de la ascensión de Cristo al cielo, los demonios llevaron a ciertos hombres a decir que ellos eran dioses y estos no solo no fueron perseguidos por vosotros, sino que llegasteis hasta a decretarles honras.
De esta forma, cierto Simón, samaritano originario de una aldea llamada Gitón, habiendo hecho, en el tiempo de Claudio César, prodigios mágicos, por obra de los demonios que en él obraban en vuestra ciudad imperial de Roma, fue considerado dios y como dios fue por vosotros honrado con una estatua, levantada junto al río Tíbre, entre los dos puentes, con esta inscripción latina: A SIMÓN, DIOS SANTO.
Y casi todos los samaritanos, aunque poco numerosos en las otras naciones, lo adoran, considerándolo como Dios primordial. También una cierta Helena, que en aquel tiempo lo acompañó en sus peregrinaciones y que antes estuviera en el prostíbulo, es llamada de primer pensamiento nacido de él.
Sabemos también que cierto Menandro, igualmente samaritano, natural de la aldea de Carapateia, discípulo de Simón, poseído también por los demonios, apareció en Antioquía y engañó a muchos con sus artes mágicas, llegando a persuadir a sus seguidores de que jamás iban a morir. Y existen todavía algunos de su escuela que continúan creyendo en él.
Por fin, un tal Marción, natural del Ponto, está ahora mismo enseñando a sus seguidores a creer en un Dios superior al Creador y, con la ayuda de los demonios, hizo que muchos, pertenecientes a todo tipo de hombres, profiriesen blasfemias y negasen el Dios Creador del universo, admitiendo, a cambio, no sabemos qué otro Dios, al cual, suponiendo mayor, se atribuyen obras mayores que a aquel.
Todos los que proceden de estos, como dijimos, son llamados cristianos, de la misma forma que aquellos que no participan de las mismas doctrinas entre los filósofos reciben de la filosofía el nombre común con que son conocidos.
Ahora bien, si también ellos practican todas esas vergonzosas obras que se propalan contra nosotros, esto es, echar por tierra el candelero, unirnos promiscuamente y alimentarnos de carnes humanas, no lo sabemos. Sin embargo, estamos ciertos de que no son perseguidos, ni condenados por vosotros, al menos a causa de sus doctrinas.
Además, nosotros mismos compusimos una obra contra todas las herejías que existieron hasta el presente. Si quisiereis leerla, nosotros la pondremos en vuestras manos.