Primera Apología de Justino Mártir 16
Sobre ser pacientes, prontos para servir a todos y ajenos a la ira, él dijo lo siguiente: "A aquel que te golpea en una mejilla, ofrécele la otra, y a quien quiere quitarte la túnica o el manto, no se lo impidas.
Quien se irrite, será reo del fuego. A quien te contrate por una milla, acompáñale dos. Que vuestras obras brillen delante de los hombres, a fin de que, viéndolas, adquieran admiración por vuestro Padre que está en los Cielos".
Por lo tanto, no debemos ofrecer resistencia, pues él no quiere que seamos imitadores de los malvados, sino que nos mandó apartar a todos de la vergüenza y del deseo del mal por la paciencia y la mansedumbre.
Y esto os podemos demostrar a través de muchos que vivieron entre vosotros, que dejaron sus hábitos violentos y tiranía, vencidos ora contemplando la constancia de vida de sus vecinos, ora considerando la extraña paciencia de los compañeros de viaje al ser defraudados, ora poniendo a prueba a compañeros de negocio.
Sobre no jurar nunca sino decir siempre la verdad, él nos ordenó lo siguiente: "Nunca juréis; mas vuestro no sea no, y vuestro sí sea sí, pues todo lo que pasa de esto proviene del maligno".
Sobre adorar únicamente a Dios, él nos persuadió, diciendo: "El mayor mandamiento es este: Adorarás al Señor tu Dios y solo a él servirás con todo tu corazón y con toda tu fuerza, al Señor Dios que te creó".
Cierta vez que alguien se aproximó a él y le dijo: "Buen Maestro", él respondió: "Nadie es bueno sino Dios, que hizo todas las cosas".
Aquellos, empero, que se ve que no viven como él enseñó, sean declarados como no cristianos, por mucho que repitan con la lengua las enseñanzas de Cristo, pues él dijo que se salvarían, no los que apenas hablasen, mas que también practicasen las obras.
De hecho, él dijo: "No todo aquel que me dice: "Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Porque aquel que me escucha y hace lo que digo, escucha a aquel que me envió.
Muchos me dirán: ‘Señor, Señor, ¿no fue en tu nombre que comimos, bebimos e hicimos prodigios?’ Entonces les responderé: -‘Apartaos de mí, obradores de iniquidad’.
Entonces habrá llanto y crujir de dientes, cuando los justos brillen como el sol y los injustos sean enviados al fuego eterno.
Porque muchos vendrán en mi nombre, vestidos por fuera con pieles de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus obras los conoceréis. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego".
Aquellos que no viven conforme a las enseñanzas de Cristo y son cristianos solo de nombre, nosotros somos los primeros en pediros que sean castigados.