Primera Apología de Justino Mártir 14
Hombres nuevos por la fe en Cristo
De antemano os avisamos que tengáis cuidado, para no ser engañados por esos mismos demonios que acabamos de acusar y así ellos os impidan totalmente leer y entender lo que decimos, pues ellos luchan para teneros como sus esclavos y servidores. Por apariciones en sueños o por artes de magia, ellos se apoderan de todos aquellos que, de un modo u otro, no trabajan por su propia salvación. Después de creer en el Verbo, nosotros nos alejamos de ellos y, por medio del Hijo, seguimos al único Dios unigénito.
Antes, nosotros nos complacíamos en la disolución; ahora, abrazamos solo la templanza; antes, nos entregábamos a las artes mágicas; ahora, nos consagramos al Dios bueno e ingénito; antes, amábamos, por encima de todo, el dinero y las rentas de nuestros bienes; ahora, ponemos en común lo que poseemos y de ello damos una parte para todo aquel que está necesitado;
antes, nosotros nos odiábamos y nos matábamos mutuamente y no compartíamos el hogar con aquellos que no pertenecían a nuestra raza por la diferencia de costumbres; ahora, después de la aparición de Cristo, vivimos todos juntos, rezamos por nuestros enemigos y tratamos de persuadir a los que nos aborrecen injustamente, a fin de que, viviendo conforme a los bellos consejos de Cristo, tengan buenas esperanzas de alcanzar con nosotros los mismos bienes que esperamos de Dios, soberano de todas las cosas.
Sin embargo, para que no parezca que pretendemos engañaros, creemos oportuno, antes de la demostración, recordar algunas enseñanzas del mismo Cristo, dejando para vosotros, como poderosos emperadores, la tarea de examinar si, de hecho, es esto lo que nos enseñaron y que nosotros enseñamos.
Sus discursos, sin embargo, son breves y sintéticos, pues él no era ningún sofista, sino que su palabra era una fuerza de Dios.