Primera Apología de Justino Mártir 13
Profesión de fe cristiana
Que no somos ateos, quien esté en su sano juicio no lo dirá, pues cultuamos al Creador de este universo, del cual decimos, conforme nos enseñaron, que no tiene necesidad de sangre, libaciones o incienso. En lugar de todas las ofrendas, nosotros lo alabamos conforme a nuestras fuerzas, con palabras de oración y acción de gracias. Aprendimos que la única alabanza digna de él no es quemar en el fuego lo que por él fue creado para nuestro alimento, sino ofrecerlo para nosotros mismos y para los necesitados.
Después, mostrándonos a él agradecidos, debemos dirigirle por nuestra palabra alabanzas e himnos por habernos creado, por todos los medios de salud, por la variedad de las especies y cambios de las estaciones, al mismo tiempo que le suplicamos que nos conceda de nuevo la incorruptibilidad por la fe que en él tenemos.
En seguida, demostramos que, con razón, honramos también a Jesucristo, que fue nuestro Maestro en estas cosas y para eso nació, el mismo que fue crucificado bajo Poncio Pilato, procurador en Judea en el tiempo de Tiberio César. Aprendimos que él es el Hijo del propio Dios verdadero, y lo colocamos en segundo lugar, así como el Espíritu profético, que ponemos en el tercero. De hecho, nos tachan de locos, diciendo que damos el segundo lugar a un hombre crucificado, después del Dios inmutable, aquel que existe desde siempre y creó el universo. Es que ignoran el misterio que existe en esto y, por eso, os exhortamos a que prestéis atención cuando lo exponemos.