Sobre a Encarnação do Verbo 7
O clássico tratado de cristologia (séc. IV) em que Atanásio explica por que Deus se fez homem: a criação e a queda, o dilema entre a justiça e a bondade divinas, a Encarnação como solução, a morte na cruz e a ressurreição como vitória sobre a corrupção, e a refutação de judeus e gentios
¿Cuándo fue que los hombres comenzaron a abandonar la adoración de los ídolos, sino desde que Dios, el verdadero Verbo de Dios, vino entre los hombres? ¿O cuándo fue que los oráculos entre los griegos, y en todas partes, cesaron y quedaron vacíos, sino cuando el Salvador se manifestó sobre la tierra? ¿O cuándo fue que aquellos a quienes los poetas llaman dioses y héroes comenzaron a ser desenmascarados como siendo meramente hombres mortales, sino desde que el Señor levantó su victoria sobre la muerte y preservó incorruptible el cuerpo que tomara, resucitándolo de los muertos? ¿O cuándo fue que la falsedad y la locura de los demonios cayeron en el desprecio, sino cuando el poder de Dios, el Verbo, el Señor de todos ellos también, condescendiendo por causa de la debilidad del hombre, apareció sobre la tierra? ¿O cuándo fue que el arte y las escuelas de magia comenzaron a ser pisoteadas, sino cuando la divina manifestación del Verbo ocurrió entre los hombres? Y, en una palabra, ¿en qué momento la sabiduría de los griegos se tornó necia, sino cuando la verdadera Sabiduría de Dios se manifestó en la tierra? Pues antes el mundo entero y todo lugar era descarriado por la adoración de los ídolos, y los hombres no consideraban nada más como dioses sino los ídolos. Pero ahora, por todo el mundo, los hombres abandonan la superstición de los ídolos y se refugian en Cristo; y, adorándolo como Dios, vienen por medio de él a conocer también aquel Padre que no conocían. Y, hecho admirable, al paso que los objetos de adoración eran variados y en número inmenso, y cada lugar tenía su propio ídolo, y aquel que era tenido por dios entre ellos no tenía poder de pasar al lugar vecino, de modo de persuadir a los pueblos vecinos a adorarlo, sino que era mal servido hasta entre su propio pueblo, pues nadie más adoraba al dios del vecino, y, al contrario, cada hombre se prendía a su propio ídolo, juzgando que él era el señor de todo; solo Cristo es adorado como uno y el mismo entre todos los pueblos; y lo que la debilidad de los ídolos no pudo hacer, a saber, persuadir incluso a los que moraban bien cerca, esto Cristo hizo, persuadiendo no solo a los que están cerca, sino simplemente al mundo entero, a adorar uno y el mismo Señor, y a través de él a Dios, su Padre.