Sobre a Encarnação do Verbo 7
O clássico tratado de cristologia (séc. IV) em que Atanásio explica por que Deus se fez homem: a criação e a queda, o dilema entre a justiça e a bondade divinas, a Encarnação como solução, a morte na cruz e a ressurreição como vitória sobre a corrupção, e a refutação de judeus e gentios
Refutación de los gentiles
Mas no se puede dejar de quedar completamente asombrado con los gentiles, quienes ríen de aquello que no es motivo de burla, pero no perciben la propia vergüenza, sin ver que la han erigido en forma de troncos y piedras. Y como nuestro argumento no carece de prueba demostrativa, vengan, vamos a avergonzarlos también por motivos racionales, principalmente a partir de aquello que nosotros mismos también vemos. Pues ¿qué hay de nuestro lado que sea absurdo o digno de escarnio? ¿Será solo el hecho de decir que el Verbo se manifestó en el cuerpo? Pero hasta ellos habrán de admitir que esto sucedió sin ningún absurdo, si muestran ser amigos de la verdad. Si, entonces, ellos niegan que existe absolutamente algún Verbo de Dios, lo hacen gratuitamente, burlándose de lo que no conocen. Pero si confiesan que existe un Verbo de Dios, y que Él es el soberano del universo, y que en él el Padre produjo la creación, y que por su Providencia el todo recibe luz, vida y existencia, y que Él reina sobre todo, de modo que por las obras de su providencia Él es conocido, y a través de él el Padre, consideren, se lo pido, si no están, sin percibirlo, volviendo la burla contra sí mismos. Los filósofos de los griegos dicen que el universo es un cuerpo grande, y con razón, pues lo vemos, a él y a sus partes, como objetos de nuestros sentidos. Si, entonces, el Verbo de Dios está en el universo, que es un cuerpo, y se unió al todo y a todas sus partes, ¿qué hay de sorprendente o de absurdo si decimos que Él se unió también al hombre? Pues si fuera absurdo que Él estuviese en un cuerpo de modo alguno, sería también absurdo que Él se uniese al todo y diera luz y movimiento a todas las cosas por su providencia, pues el todo también es un cuerpo. Pero si a Él le conviene unirse al universo y ser dado a conocer en el todo, debe también convenirle aparecer en un cuerpo humano, y que por Él ese cuerpo sea iluminado y actúe. Pues la humanidad es parte del todo, así como el resto. Y si es impropio que una parte haya sido adoptada como su instrumento para enseñar a los hombres su divinidad, sería mucho más absurdo que Él fuera dado a conocer hasta por el universo entero.