Sobre a Encarnação do Verbo 6
O clássico tratado de cristologia (séc. IV) em que Atanásio explica por que Deus se fez homem: a criação e a queda, o dilema entre a justiça e a bondade divinas, a Encarnação como solução, a morte na cruz e a ressurreição como vitória sobre a corrupção, e a refutação de judeus e gentios
Pero quizá, siendo incapaces, incluso ellos, de luchar continuamente contra hechos evidentes, ellos, sin negar lo que está escrito, sostendrán que están a la espera de estas cosas, y que el Verbo de Dios aún no ha venido. Pues es en esto que ellos permanecen para siempre insistiendo, sin avergonzarse de obstinarse ante hechos evidentes. Pero en este punto, sobre todo, serán tanto más refutados, no por nuestras manos, sino por las del sapientísimo Daniel, quien señala tanto la fecha exacta como la venida divina del Salvador, diciendo: "Setenta semanas están decretadas sobre tu pueblo y sobre la ciudad santa, para acabar con el pecado, y para sellar los pecados, y para borrar las iniquidades, y para expiar las iniquidades, y para traer la justicia eterna, y para sellar la visión y el profeta, y para ungir un Santo de Santos; y sabrás y entenderás, desde la salida de la palabra para restaurar y edificar Jerusalén hasta el Cristo, el Príncipe." Quizá, con respecto a las otras profecías, ellos puedan incluso encontrar excusas y aplazar para un tiempo futuro lo que está escrito. Pero ¿qué pueden decir a esto, o pueden encararlo de algún modo? ¿Dónde no solamente se hace referencia al Cristo, sino que se declara que aquel que ha de ser ungido no es simplemente un hombre, sino Santo de Santos; y Jerusalén ha de permanecer hasta su venida, y a partir de entonces cesan el profeta y la visión en Israel? David fue ungido en otro tiempo, y Salomón y Ezequías; pero, aun así, Jerusalén y el lugar permanecían, y los profetas profetizaban: Gad y Asaf y Natán; y, más tarde, Isaías, y Oseas, y Amós, y otros. Y, de nuevo, los mismos hombres que fueron ungidos eran llamados santos, y no Santo de Santos. Pero, si ellos se escudan con el cautiverio y dicen que por causa de él Jerusalén no existía, ¿qué pueden decir también acerca de los profetas? Pues, de hecho, cuando el pueblo descendió por primera vez a Babilonia, Daniel y Jeremías estaban allá, y Ezequiel, y Ageo, y Zacarías profetizaban.