Diálogo con Trifón 9
Condiciones para el diálogo
Yo repliqué:
— Tienes disculpa, oh hombre, y puedes ser perdonado. En efecto, no sabes lo que estás diciendo, pues, siguiendo a maestros que no entienden las Escrituras, estás como adivinando y diciendo lo que te viene a la mente. Si quieres escuchar mi razonamiento sobre esto, percibirás que no estamos engañados y que jamás dejaremos de confesar a Cristo, por más ultrajes que los hombres nos inflijan y por más que el peor de los tiranos se empeñe en hacer que apostatemos. En efecto, voy a mostrarte inmediatamente que no dimos crédito a fábulas vanas, ni a doctrinas no demostradas, sino llenas del espíritu de Dios y de las cuales brota el poder y florece la gracia.
Entonces los compañeros de Trifón dieron nuevamente una carcajada y comenzaron a gritar de forma no educada. Yo me levanté y estaba listo para irme. Trifón, sin embargo, cogiéndome por el manto, me dijo que no me dejaría hasta que yo hubiese cumplido mi promesa.
Yo le repliqué:
— Con tal que tus compañeros no hagan ruido y no se comporten de modo tan maleducado. Si quieren, escuchen en silencio; en caso de que tengan alguna tarea más importante que les impida escuchar, pueden irse. En cuanto a nosotros, retirémonos un poco más y sentémonos para terminar nuestra discusión.
Trifón concordó en que así lo hiciéramos y, de acuerdo, nos dirigimos hacia el medio del estadio de Xisto.
Dos de sus compañeros se separaron, mofándose de nuestro empeño. Cuando llegamos al lugar donde hay bancos de piedra de un lado y de otro, dos compañeros de Trifón se sentaron en uno de los bancos, uno de ellos tocó el asunto de la guerra que había terminado en Judea, y comenzaron a conversar sobre ella.