Diálogo con Trifón 81
Milenarismo
En efecto, Isaías dice a propósito de ese tiempo de mil años: “Habrá cielo nuevo y tierra nueva y no se recordarán de los pasados, ni vendrán a su memoria, sino que encontrarán en la tierra alegría y regocijo que yo crio. Porque he aquí que yo traigo a Jerusalén regocijo y a mi pueblo alegría, y me regocijaré en Jerusalén y me alegraré con mi pueblo. En ella no se oirá más voz de llanto, ni voz de grito: Allí no nacerá más un prematuro que vive días, ni viejo que no llene su tiempo, porque el joven será hijo de cien años y el pecador, al morir, será hijo de cien años, y será maldito.
Construirán casas, y las habitarán; plantarán viñas y comerán sus frutos; no construirán y otros habitarán; ni plantarán y otros comerán. Porque los días de mi pueblo serán conforme a los días del árbol de la vida: las obras de sus trabajos envejecerán. Mis elegidos no trabajarán en vano, ni engendrarán hijos para la maldición, porque son descendencia justa y bendecida por el Señor, y sus nietos están con ellos. Acontecerá que, antes de que griten, yo ya los habré oído; mientras aún estén hablando, yo diré: ‘¿Qué fue?’ Entonces el lobo y el cordero pastarán juntos; el león comerá hierba como el buey, y la serpiente comerá tierra como pan. No dañarán, ni destruirán nada en el monte santo, dice el Señor ”.
¿Qué se dice en estas palabras: “Porque los días de mi pueblo serán conforme a los días del árbol de la vida: las obras de sus trabajos envejecerán”? Comprendemos que significa misteriosamente los mil años. En efecto, como se le dijo a Adán que moriría el día en que comiera del árbol de la vida, sabemos que los mil años no se cumplieron. Comprendemos también que viene al encuentro de nuestro propósito la expresión: “Un día del Señor es como mil años”.
Además, hubo entre nosotros un hombre llamado Juan, uno de los apóstoles de Cristo, que, en una revelación que le fue hecha, profetizó que los que hubieren creído en nuestro Cristo pasarán mil años en Jerusalén y que, después de esto, vendría la resurrección universal y, diciéndolo brevemente, la resurrección eterna y el juicio de todos juntos. La misma cosa fue dicha por nuestro Señor: “No se casarán, ni se darán en matrimonio, sino que serán como los ángeles, pues son hijos del Dios de la resurrección”.