Diálogo con Trifón 80
Hay herejes tanto judíos como cristianos
Ante esto, Trifón me respondió:
— Amigo, ya te dije que te esfuerzas en todo para aferrarte a las Escrituras. Dime, sin embargo: ¿vosotros realmente confesáis que la ciudad de Jerusalén será reconstruida y esperáis que allí vuestro pueblo irá a reunirse y alegrarse con Cristo, con los patriarcas, los profetas y los santos de nuestra descendencia, y hasta con los prosélitos que vivieron antes de la venida de vuestro Cristo? ¿O llegaste a esa conclusión solamente para dar la impresión de que nos ganabas a todo costo en la discusión?
Yo le repliqué:
— Trifón, no soy tan bajo para decir algo diferente de lo que siento. Antes ya te confesé que yo y muchos otros sentimos de esa forma, de modo que sabemos absolutamente que así sucederá. Sin embargo, también te mostré que hay muchos cristianos, de mentalidad pura y piadosa, que no admiten esas ideas.
En efecto, los que se llaman cristianos, pero son realmente herejes sin Dios y sin piedad, ya te expliqué, enseñan solo blasfemias, impiedades e insensatez. En cuanto a mí, para que sepáis que no digo eso apenas delante de vosotros, pienso componer, conforme a mi posibilidad, un resumen de todos los argumentos que os presenté. En él escribiré que confieso la misma cosa que digo delante de vosotros. De hecho, yo no me dispongo a seguir hombres o enseñanzas humanas, sino a Dios y a las enseñanzas que de él provienen.
Si vosotros encontrasteis algunos que se dicen cristianos y no confiesan eso, sino que se atreven a blasfemar contra el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, y dicen que no hay resurrección de los muertos, sino que en el momento de morir sus almas son recibidas en el cielo, no los consideréis como cristianos. Cuando se examina atentamente la cosa, nadie considerará como judíos a los saduceos y sectas semejantes de los genistas, meristas, galileos, helenianos, fariseos y bautistas (no os quedéis incomodados al oír lo que pienso), sino como personas que se llaman judíos e hijos de Abrahán, pero que honran a Dios solamente con los labios, como él mismo clama, mientras su corazón está muy lejos de él.
De mi parte, yo y algunos otros cristianos de mentalidad correcta no solo admitimos la futura resurrección de la carne, sino también mil años en Jerusalén reconstruida, embellecida y aumentada, como lo prometen Ezequiel, Isaías y los otros profetas.