Diálogo con Trifón 8

¿Cuál es la verdadera y provechosa filosofía

Dichas estas cosas y muchas otras, que no es el caso de referir ahora, el anciano se marchó, después de exhortarme a seguir sus consejos. Y yo no volví a verle más. Con todo, sentí inmediatamente que se encendía un fuego en mi alma y se apoderaba de el amor por los profetas y por aquellos hombres amigos de Cristo. Reflexionando conmigo mismo sobre los raciocinios del anciano, llegué a la conclusión de que solamente esa es la filosofía segura y provechosa.
De ese modo, por tanto, y por esos motivos, soy filósofo, y desearía que todos los hombres, con el mismo empeño que yo, siguieran las doctrinas del Salvador. En efecto, en ellas hay alguna cosa de temible y son capaces de conmover a los que se apartan del camino recto, al mismo tiempo que ellas se convierten en dulcísimo descanso para aquellos que en ellas meditan.
También tú, si te preocupas por algo de ti mismo, si aspiras por tu salvación y tienes confianza en Dios, como persona que no está ajena a estas cosas, es posible para ti alcanzar la felicidad, reconociendo al Cristo de Dios e iniciándote en sus misterios.
Apenas terminé de decir estas cosas, carísimo amigo, los compañeros de Trifón dieron una carcajada, y él me dijo sonriendo:
Acepto algunas de las cosas que dijiste y admiro tu fervor por las cosas divinas. Sin embargo, habría sido mejor que continuaras profesando la filosofía de Platón o de algún otro, practicando la constancia, el dominio de ti mismo y la castidad, en vez de dejarte engañar por doctrinas mentirosas y seguir a hombres indignos. En efecto, mientras permanecías en aquel estilo de filosofía y llevabas la vida de manera irreprochable, aún te restaba esperanza de un destino mejor. Con todo, una vez que abandonaste a Dios y pusiste tu esperanza en un hombre, ¿qué salvación te resta?
Por tanto, si quieres escuchar mi consejo, pues yo te considero mi amigo, primero hazte circuncidar y después observa, según nuestra costumbre, el sábado, las fiestas, las lunas nuevas de Dios, cumpliendo todo lo que está escrito en la Ley. Tal vez puedas entonces alcanzar misericordia de parte de Dios. En cuanto a Cristo o Mesías, si él nació y está en algún lugar, es desconocido y ni él mismo se conoce a mismo y no tendrá ningún poder, hasta que venga Elías para ungirlo y manifestarlo a todos. En cuanto a vosotros, por otro lado, dando oídos a voces vanas, fabricáis para vosotros mismos un Cristo y por su causa estáis ahora pereciendo sin objetivo ninguno.