Diálogo con Trifón 62

Amigos, fue del mismo modo que la palabra de Dios se expresó por la boca de Moisés al indicarnos que el Dios que se manifestó a nosotros habló la misma cosa en la creación del hombre, diciendo estas palabras: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre las fieras, sobre toda la tierra y sobre todos los reptiles que se arrastran sobre la tierra. Y Dios hizo al hombre; a imagen de Dios lo hizo; macho y hembra los hizo. Y Dios los bendijo, diciendo: Creced y multiplicaos, llenad la tierra y dominad sobre ella”.
Para que no desvirtuéis las palabras citadas y digáis lo que dicen vuestros maestros, que Dios se dirigió a mismo al decir “hagamos”, como nosotros, al hacer algo, decimos “hagamos”, o que habló con los elementos, esto es, con la tierra y otras cosas de que sabemos que el hombre está compuesto, y a ellos dijo “hagamos”, os citaré ahora otras palabras del mismo Moisés. A través de ellas, sin ninguna discusión posible, tenemos que reconocer que Dios conversó con alguien que era numéricamente distinto e igualmente racional.
He aquí cuáles son: “He aquí que Adán se ha vuelto como uno de nosotros para conocer el bien y el mal”. Por tanto, al decir “como uno de nosotros”, indica el número de los que entre conversan y que, como mínimo, son dos. No puedo aceptar como verdadero lo que dogmatiza la que entre vosotros se llama herejía, ni sus maestros son capaces de probar que Dios habla con ángeles o que el cuerpo humano es obra de ángeles.
Mas ese engendrado, emitido realmente por el Padre, estaba con él antes de todas las criaturas y con él el Padre conversa, como nos manifestó la palabra por medio de Salomón, al decirnos que, antes de todas las criaturas, fue engendrado por Dios como principio y progenie ese mismo que es llamado sabiduría por Salomón.
Yo continué:
La misma cosa se dice por la revelación hecha a Josué, hijo de Nave. Y para que, por este pasaje, veáis con claridad lo que os digo, escuchad lo que se narra en el libro de Josué.
Es el siguiente: “Cuando Josué estaba en Jericó, sucedió que, levantando los ojos, él vio un hombre de pie delante de sí. Adelantándose, Josué preguntó: ‘¿Eres uno de los nuestros o de los enemigos?’ Él replicó: ‘Yo soy el jefe del ejército del Señor y acabo de llegar’. Entonces Josué se postró con el rostro por tierra y le dijo: ‘Señor, ¿qué ordenas a tu siervo?’ El jefe del ejército del Señor dijo a Josué: ‘Desata las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa’. Jericó estaba cerrada y fortificada y nadie salía de ella. El Señor dijo a Josué: ‘Ve. Te entrego Jericó sumisa, juntamente con el rey que en ella reside, por más poderosos que sean por su fuerza’ ”.