Diálogo con Trifón 47
Trifón preguntó:
— ¿Y si alguien quiere observar estas cosas, sabiendo que es cierto lo que dices, aun reconociendo que Jesús es el Cristo, creyendo en él y obedeciéndole, ese se salvaría?
Yo le respondí:
— Trifón, según mi parecer, afirmo que esa persona se salvaría, con tal que no pretenda que los demás hombres, esto es, los que vienen de las naciones, estén circuncidados del error por Jesucristo y tengan a toda costa que observar lo mismo que él observa, afirmando que si no observan no podrán salvarse. Es lo que hiciste al comienzo de nuestro diálogo, afirmando que yo no me salvaría si no observase vuestra ley.
Él me replicó:
— Entonces, ¿por qué dijiste: “Según mi parecer”? ¿Hay quien diga que tales personas no se salvarán?
Yo respondí:
— Sí, Trifón. Y hay personas que no se atreven a dirigir la palabra, ni a ofrecer su hogar a ellas. Pero yo no concuerdo con esas personas. Si por la flaqueza de su inteligencia continúan aún observando lo que les es posible de la ley de Moisés, lo que sabemos que fue ordenado a causa de la dureza de corazón del pueblo, y juntamente con eso esperan en Cristo y quieren guardar lo que eterna y naturalmente es justo y piadoso, y se deciden a convivir con los cristianos y fieles, y no procuran, como ya dije, persuadir a los demás a que se circunciden como ellos, a guardar los sábados y otras prescripciones de la ley, estoy de acuerdo con los que afirman que se debe recibirlos y mantener completa comunión con ellos, como hombres que tienen los mismos sentimientos que nosotros y son hermanos en la fe.
En cambio, Trifón, aquellos de vuestra raza que dicen creer en Cristo, pero a toda costa pretenden obligar a aquellos de todas las naciones que creyeron en él a vivir conforme a la ley de Moisés, o que no se deciden a convivir con estos, tampoco yo acepto a esos como cristianos.
Sin embargo, aquellos que fueron persuadidos por estos a vivir conforme a la ley, supongo que tal vez se salven, con tal que conserven la fe en el Cristo de Dios. Los que digo que no pueden absolutamente salvarse son los que, después de confesar y reconocer que Jesús es el Cristo, por una causa cualquiera pasan a observar la ley, negando a Cristo y no se arrepienten antes de morir. De la misma forma, afirmo que no se salvarán, por más que sean descendencia de Abrahán, los que viven según la ley, pero no creen en Cristo antes de morir, y principalmente aquellos que en las sinagogas anatematizaron y anatematizan a los que creen en ese mismo Cristo para alcanzar la salvación y librarse del castigo del fuego.
En efecto, la bondad, la amistad de Dios y la inmensidad de su riqueza hacen que aquel que se arrepiente de los propios pecados, como él dejó claro a través de Ezequiel, se torne justo y sin pecado. En cambio, aquel que pasa de la piedad y de la justicia a la iniquidad y a la impiedad, él lo considera pecador, inicuo e impío. Por eso, nuestro Señor Jesucristo también dice: “En el estado en que yo os sorprenda, ahí también os juzgaré”.