Diálogo con Trifón 43
Misterio del nacimiento virginal
Así como la circuncisión se inició en Abraham y el sábado, sacrificios, ofrendas y fiestas con Moisés, y ya ha sido demostrado que todo eso fue ordenado a causa de la dureza de vuestro corazón, del mismo modo, por voluntad del Padre, todo tendría que terminar en Cristo, Hijo de Dios, nacido de la virgen de la descendencia de Abrahán, de la tribu de Judá y de David. Y fue anunciado que él, ley eterna y nueva alianza para el mundo entero, debería venir, como indican todas las profecías por mí citadas.
Y nosotros, que por medio de él nos aproximamos a Dios, no recibimos esa circuncisión carnal, sino la espiritual, aquella que Enoc y otros observaron. Como éramos pecadores, la recibimos en el bautismo por la misericordia de Dios. Y a todos es igualmente permitido recibirla.
Como llegó el momento oportuno, os hablaré ahora del misterio de su nacimiento. Que la descendencia de Cristo no admite explicación humana, Isaías, como ya ha sido aludido, dijo lo siguiente: “¿Quién cantará su generación? Porque su vida es quitada de la tierra. Por las iniquidades de mi pueblo él fue conducido a la muerte”. El Espíritu profético dijo eso por ser inexplicable la descendencia de aquel que moriría para curar a todos nosotros, hombres pecadores, con sus llagas.
Además, para que nosotros, que creemos en él, supiésemos de qué modo él nacería al venir al mundo, por el mismo Isaías el Espíritu profético así habló: “Pide para ti una señal de parte del Señor tu Dios, en el abismo o en la altura”. Y Acaz dijo: “No la pediré, ni tentaré al Señor”. Isaías dijo: “¡Oíd ahora, casa de David! ¿Es poco para vosotros combatir a los hombres, de modo que lo hacéis también contra el Señor? Por eso, el propio Señor os dará una señal: ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y él será llamado con el nombre de Emanuel. Él comerá mantequilla y miel. Antes que sepa elegir el mal, elegirá el bien. Por eso, antes que el niño sepa distinguir el bien o el mal, rechazará el mal para elegir el bien.
Porque antes que el niño sepa decir padre y madre, recibirá el poder de Damasco y los despojos de Samaria, delante del rey de los asirios. Y por la presencia de los reyes será tomada la tierra que será para ti dura carga. Pero el Señor traerá sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre días como aún no ha habido sobre ti desde el día en que Efraín se separó de Judá para el rey de los asirios”.
No obstante, es claro para todos que, fuera de nuestro Cristo, nadie nació de una virgen en la descendencia carnal de Abraham, ni de nadie se afirmó tal cosa.
Sin embargo, como vosotros y vuestros maestros os atrevéis a decir, primero que el texto de la profecía de Isaías no dice “Ved que una virgen concebirá”, sino: “Ved que una mujer joven concebirá y dará a luz”, y después la interpretáis como referida a vuestro rey Ezequías. También intentaré discutir este breve punto contra vosotros y demostraros que la profecía se refiere a este que nosotros confesamos como Cristo.