Diálogo con Trifón 23
La circuncisión: una señal y no justificación
Si no admitimos eso, caeremos en pensamientos absurdos. Por ejemplo: que no es el mismo el Dios de Enoc y de todos los otros que no observaron la circuncisión carnal, ni los sábados y demás prescripciones de la ley, pues fue Moisés quien ordenó que fueran observadas esas cosas; o bien, que no quiso que todo el género humano practicara siempre la misma justicia. Eso evidentemente sería ridículo e insensato.
Por otra parte, puede decirse que, aun siendo siempre el mismo, a causa de los hombres pecadores, mandó que se cumplieran estas y otras cosas por práctica, confirmando así que es benigno y previsor, y no necesitado, justo y bueno. Señores, si esto no es así, respondedme qué pensáis sobre estas cuestiones.
Como nadie dijera nada, continué:
— Por eso, oh Trifón, para ti y para todos aquellos que quieren convertirse en prosélitos vuestros, anunciaré una palabra divina, que oí de aquel hombre: ¿No veis que los elementos nunca descansan, ni guardan el sábado? Permaneced como nacisteis.
Si antes de Abrahán no había necesidad de circuncisión y antes de Moisés no había necesidad del sábado, de las fiestas o de los sacrificios, tampoco ahora ella existe, después de Jesucristo, Hijo de Dios, nacido sin pecado de María Virgen de la descendencia de Abrahán. En efecto, el propio Abrahán, aún incircunciso, fue justificado y bendecido por su fe en Dios, como dice la Escritura ; sin embargo, él recibió la circuncisión como señal, y no como justificación, conforme a la misma Escritura y la realidad de las cosas nos obligan a confesar. De modo que con razón se dijo de aquel pueblo que sería exterminada de su descendencia toda vida que no fuera circuncidada en el octavo día.
Además, el hecho de que el sexo femenino no pueda recibir la circuncisión de la carne prueba que esa circuncisión fue dada como señal y no como obra de justificación. En lo que respecta a todo el tipo de justicia y virtud, Dios quiso que las mujeres tuviesen la misma capacidad que los hombres para adquirirlas; a cambio, vemos que la configuración de la carne es diferente en el hombre y en la mujer. A pesar de esto, sin embargo, sabemos que ninguno de los sexos es justo o injusto en sí mismo, sino por piedad y justicia.