Diálogo con Trifón 127
No Dios Padre, sino Dios Hijo quien se manifestó en el AT
Existen otras expresiones semejantes dichas por el legislador y por los profetas, pero yo creo que ya he citado lo suficiente. Cuando mi Dios dice: “El Dios subió de Abraham”, o: “Dios habló a Moisés”, o: “El Señor descendió para ver la torre que los hijos de los hombres habían construido”, o aún cuando dice: “Dios cerró el arca de Noé por fuera”, no penséis que es el Dios ingénito el que sube y desciende de algún lugar.
De hecho, el Padre inefable Señor de todas las cosas no llega a alguna parte y no pasea, ni duerme o se levanta, sino que permanece siempre en su propia región, donde quiera que ella se sitúe, mirando con mirada penetrante, oyendo con agudeza, no con ojos y oídos, sino por un poder inefable. Él vigila todo y todo conoce, y nadie de nosotros le está oculto. Sin que tenga que moverse, él que no cabe en ningún lugar, ni en el mundo entero y que ya existía antes de que el mundo existiese.
¿Cómo entonces, podría haber hablado a alguien, aparecido a alguien, circunscribirse a una pequeña porción de tierra, si el pueblo no pudo resistir a la gloria de su enviado en el Sinaí, si el propio Moisés no pudo entrar en la tienda que él había construido, pues estaba llena de la gloria de Dios, si el sacerdote no tuvo fuerzas para quedarse en pie delante del Templo cuando Salomón llevó el arca a la casa que el propio Salomón había construido en Jerusalén?
Por lo tanto, ni Abraham, ni Isaac, ni Jacob, ni cualquier otro hombre jamás vio a aquel que es Padre inefable y Señor absoluto de todas las cosas y también del propio Cristo, sino vio a su Hijo, que también es Dios por voluntad de aquel, y Ángel por estar al servicio de sus designios, aquel mismo que el Padre quiso que naciese hombre por medio de la virgen y que, en otro tiempo, se convirtió en fuego para hablar con Moisés a partir de la zarza.
De hecho, si no entendemos de esa forma las Escrituras, se tendrá que admitir que el Padre y Señor del universo no estaba en el cielo cuando Moisés nos cuenta: “El Señor hizo llover sobre Sodoma fuego y azufre de parte del Señor, desde el cielo”. La misma cosa que David nos dice: “Levantad, oh príncipes, vuestras puertas; levantaos, puertas eternas, y entrará el rey de la gloria”. Por fin, cuando nos dice: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que yo ponga tus enemigos como escabel para tus pies”.