Diálogo con Trifón 123

Los incircuncisos forman el nuevo Israel

Así como todas estas cosas se refieren a Cristo y a los gentiles, así también pensáis que son dichas aquellas. En efecto, para nada los prosélitos necesitan de una nueva alianza, pues ya existe una sola y única ley para todos los circuncidados. De hecho, sobre estos la Escritura dice: “Se añadirá a ellos también el geora, y se añadirá a la casa de Jacob”. Además, por el hecho de estar circuncidado, el prosélito se unió al pueblo como si fuera nativo; nosotros, en cambio, aunque merezcamos ser llamados pueblo de Dios, somos, sin embargo, gentiles por no estar circuncidados.
Por otra parte, es ridículo pensar que los ojos de los prosélitos fueron abiertos y los vuestros no; que vosotros seáis llamados ciegos y sordos, y ellos iluminados. Al final, tendremos el colmo del ridículo, si decís que la ley fue dada para los prosélitos y vosotros no la conocisteis siquiera.
Temeríais, entonces, la cólera de Dios y no tendríais que pasar por la vergüenza de ser llamados hijos inicuos y errantes, cuando Dios dice a cada momento: “Hijos en los cuales no hay fidelidad”. Y: “¿Quién es el ciego, sino mis siervos? ¿Y los sordos, sino aquellos que los gobiernan? Los hijos de Dios se volvieron ciegos. Visteis muchas veces, mas no os precavisteis; vuestros oídos estaban abiertos, pero no oísteis”.
¿Os parece bueno ese elogio de Dios y conveniente ese testimonio para siervos de Dios? Por más que lo oigáis, no tenéis vergüenza y no tembláis ante las amenazas de Dios, porque sois un pueblo ignorante y duro de corazón. “Por eso, he aquí que continuaré transportando a este, dice el Señor. Yo los transportaré, destruiré la sabiduría de sus sabios y esconderé la prudencia de sus prudentes”. Y eso con razón, pues no sois sabios, ni prudentes, sino listos y astutos. Si sois sabios, lo sois solo para practicar el mal, mas sois impotentes para conocer el designio oculto de Dios y la alianza fiel del Señor o encontrar los caminos eternos.
Por tanto, dice la Escritura: “Levantaré contra Israel y contra Judá una descendencia de hombres y una descendencia de fieras”. Y por medio de Isaías, así habla sobre el otro Israel: “En aquel día, habrá un tercer Israel entre los asirios y los egipcios, bendito en la tierra que el Señor de los ejércitos bendijo, diciendo: Bendito será mi pueblo que está en Egipto y aquel que está entre los asirios, y mi herencia es Israel”.
Por tanto, si Dios bendice a ese pueblo, lo llama Israel y dice que él es su herencia, ¿por qué no os convertís, sino que os engañáis a vosotros mismos, como si fuerais el único Israel, y maldiciendo al pueblo que es bendito por Dios? Pues cuando hablaba a Jerusalén y a su territorio, dijo también lo siguiente: “Engendraré para vosotros hombres, que serán mi pueblo de Israel. Ellos os heredarán, y vosotros seréis posesión de ellos y sucederá que no quedaréis sin tener hijos con ellos”.
Entonces Trifón replicó:
¿Cómo vosotros sois Israel y la Escritura dice todo eso de vosotros?
Yo respondí:
Si ya no hubiéramos tratado extensamente de esta cuestión, yo pensaría que me estás preguntando esto por no haber comprendido. Sin embargo, como la cuestión ya quedó demostrada, y concordaste, no creo que ahora se trate de ignorancia tuya, ni que tengas nuevamente voluntad de discutir, sino que me provocas para que yo repita la demostración también para estos.
Trifón concordó, guiñando los ojos, y yo continué:
Oíd con los oídos, para ver si entendéis. Nuevamente en Isaías, hablando sobre Cristo, Dios lo llama por comparación Jacob e Israel. Así dice: “Jacob es mi siervo, yo lo protegeré; Israel es mi elegido, yo pondré sobre él mi espíritu, y él traerá justicia a las naciones. No discutirá, ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha humeante, mas traerá justicia a la verdad y no se cansará hasta que establezca el juicio sobre la tierra. Y las naciones depositarán la esperanza en su nombre”. Por tanto, como del único Jacob, que también fue llamado Israel, toda vuestra descendencia tomó los nombres de Jacob y de Israel, igualmente nosotros, por Cristo, que nos engendró para Dios, nos llamamos y somos verdaderos hijos de Jacob, de Israel, de Judá, de David y de Dios, nosotros que guardamos los mandamientos de Cristo.